El trauma no se define únicamente por lo que ocurrió, sino por cómo esa experiencia fue procesada por el cerebro y el cuerpo.
Surge cuando una situación supera la capacidad de afrontamiento de la persona, dejando recuerdos, emociones o sensaciones almacenadas de forma disfuncional.
Como resultado, ciertos estímulos pueden generar respuestas intensas incluso cuando el peligro ya pasó.
El trauma puede desarrollarse tras un evento único o por experiencias repetidas a lo largo del tiempo.
Con el tratamiento adecuado, es posible procesar estas experiencias, reducir su impacto y recuperar una sensación de seguridad y bienestar.
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