viernes, 17 de agosto de 2018

Psicología | Pasado, presente, futuro…


Todos tenemos “issues” (temas), psicólogos incluidos. Los habrá pequeños y grandes, pero todos los tenemos, al menos eso es lo que yo pienso. Porque nuestros “issues” o temas se gestan desde muy temprano, cuando somos muy pequeños y nuestra mente y nuestra visión del mundo nos es presentada por las personas en nuestro entorno.

Todos tenemos el potencial para trabajar nuestros temas. Podemos ir a terapia. Los psicólogos también vamos a terapia. Que feo un psicólogo que no lo haga (al menos cuando así lo necesita). Después de todo, uno va a terapia para estar bien, y si uno está bien, las personas a nuestro alrededor también lo estarán (y si no quieren estarlo, ya es un tema individual de ellos y deja de ser nuestro).

En el caso de los psicólogos, tenemos doble responsabilidad, no solo por estar bien nosotros, para nosotros, sino también estar bien para nuestros pacientes (o clientes, dependiendo de la corriente terapéutica). Nuestra psiquis es una herramienta de trabajo, y la ponemos al servicio de quienes atendemos en consulta. Hay que mantenerla afinada, hay que darle limpieza, higiene y mantenimiento.

Esto nos permite ver a nuestros pacientes (o clientes) desde tres perspectivas: los vemos como terapeutas, los vemos como seres humanos y los vemos como pacientes (o clientes). Porque el psicólogo es un “trabajo en proceso”, aprendiendo y descubriendo cosas nuevas cada día. Lo aprendemos académicamente, lo aprendemos de nuestros pacientes como sus terapeutas y lo aprendemos de nuestros terapeutas como pacientes.

Cada vez que yo voy a terapia, me siento en el sofá del consultorio de mi terapeuta y me convierto, durante una hora de 55 minutos, en paciente (o cliente, o, por qué no, los dos) y aprendo algo nuevo, descubro algo nuevo.

Nuestro pasado, presente y futuro están unidos por un hilo conductor. Esto nos muestra como un evento muy temprano en nuestro pasado, perdura, se encadena y tiñe cada evento que le sigue, a lo largo del pasado, a través del presente y proyectándose hacia el futuro, si dejamos que ese tema se quede ahí, sin ser atendido, sin descubrir por qué nos hace tanto ruido o nos revuelve, sin ser elaborado, sin ser procesado, re-procesado, elaborado y resuelto.

A mí me gusta la idea de un pasado, un presente y un futuro con temas elaborados y resueltos (no se imaginan lo rico que se siente despedirse de un tema y declararlo cerrado, resuelto y obsoleto). ¿Se imaginan? Si lo pueden imaginar, y les gusta lo que ven, los invito a sentarse también, al igual que yo, al menos una vez a la semana (o cada vez que puedan o su cuerpo, mente y alma se los pidan), en el sofá de la psicoterapia, atreverse a ver esos temas del pasado que tanto ruido nos hacen para que la bulla no nos distraiga en nuestro presente y futuro. ¡Que estén bien! - Izzy

miércoles, 15 de agosto de 2018

Psicología | Perfeccionando el arte de la decepción.

Un estudio de New Northwestern University nos enseña que con un poco de práctica, podemos aprender a decir una mentira que puede ser indistinguible de la verdad.

¿Es esto algo a lo que deberíamos aspirar a aprender? En mi experiencia y la del famoso niño que gritaba “¡Lobo!” (y también la de Pinocho, por supuesto, que nunca puede faltar en un post así), la respuesta es "no".

Las personas generalmente toman más tiempo y cometen más errores al decir mentiras que al decir la verdad, porque tienen dos respuestas conflictivas en sus mentes y están suprimiendo la respuesta honesta, según estudios anteriores.

Los investigadores hallaron que tan solo la instrucción significativamente reducía los tiempos de reacción asociados con las respuestas deceptivas de los participantes. Es por eso que la gente que miente dedica tiempo a elaborar sus mentiras. Mejor ir a terapia y usar ese tiempo en descubrir los beneficios de decir la verdad, o al menos evitar mentir.

Nuestros padres nos “enseñan” a no mentir y a decir siempre la verdad, pero entre lo que se nos enseña superficialmente versus esos mensajes indirectos que recibimos desde pequeños que nos dicen lo contrario (algo asi como “Di siempre la verdad, siempre y cuando esa verdad sea lo que yo quiero escuchar”), creo que para cuando llegamos a adultos nos tienen enredados.

Para complacer y no “herir sentimientos” o “lastimar a los demás”, empezamos a distorsionar nuestras verdades en verdades a medias, a tres cuartos y cuando menos lo pensamos, nos volvimos un solo Pinocho. Si, con las mejores intenciones, pero no menos Pinochos por ello.

"¡Psssst! Yo conozco un terapeuta que te puede ayudar con esa nariz..."

Qué mejor oportunidad que el proceso terapéutico para aprender a ser uno mismo, y decir lo que uno quiere decir sin tener que censurarse por lo que los demás desean escuchar. Las demandas y expectativas de los demás son, al fin y al cabo, de los demás, no nuestras. Apropiarse de lo que es propio se siente bien, desenreda y nos ayuda a no confundirnos (y dejar que nos confundan).

Ya saben, ¡que estén bien! - Izzy :)

Fuente: Deception can be perfected (Medical News Today).

jueves, 9 de agosto de 2018

Sexualidad | El aroma de lo que nos atrae (o lo que no sabías acerca de tu nariz y lo que ella si sabe sobre quién te conviene).

Es posible que el Tucán de Fruit Loops tuviera razón, y a veces hay que “seguir nuestra nariz”, en este caso, para dar con la pareja adecuada, o por lo menos, con un buen plato de cereal para comenzar la mañana.

Resulta que la nariz (o mejor dicho, nuestro sentido del olfato) influye en nuestra selección de pareja en formas sorprendentes y con variaciones muy interesantes entre los sexos.

"Mmmm, hueles a buen partido, que lastima que seas tan mandarina..."

- Para la mujer, el aroma de un hombre puede ser una barrera a la intimidad, si éste le resulta desagradable.

- Pare el hombre el aroma de una mujer es importante, pero es más probable que nos dejemos influenciar más por cómo se ve una mujer que por cómo huele.

- La bioquímica relacionada con el aroma bien podría ser parte de la química sexual. La misma huella olfativa que nos ayuda a reconocer a nuestros familiares nos comunica información sutil acerca del sistema inmune de nuestra potencial pareja, jugando un rol esencial en la atracción.

- Si como mujer, encuentras irresistible el aroma natural de un hombre, tu cerebro te está indicando que sus sistemas inmunes son compatibles (un aspecto clave para la reproducción).

- Los hombres gay prefieren el aroma de otros hombres gay por sobre el aroma de hombres y mujeres heterosexuales (y un efecto paralelo está presente, aunque más débilmente, entre las mujeres lesbianas).

Ya lo saben, si están en busca de pareja, pónganle atención a lo que sus cinco sentidos les digan y no tengan miedo de seguir su nariz y si ya están en una relación y algo no huele del todo bien, su olfato podría estar enviándoles señales, así que presten atención.

Ya saben, ¡que estén bien! - Izzy :)

Fuente: "The Underrated Sense", por Jonah Comstock.

lunes, 30 de julio de 2018

Maldita Oxitocina #44


Para los que están tratando de reencontrarse con si mismo y aprendiendo a vivir un ratito con la soledad por compañía (y algunos fantasmitas también). Todo pasa y de todo se aprende, por más difícil que parezca en este momento. Ya saben ¡que estén bien! - Izzy 😊

martes, 17 de julio de 2018

Maldita Oxitocina #43


¡Siii! Ir a terapia nos da la oportunidad de aprender a ser nosotros mismos y desaprender ser todas esas cosas feas, negativas, tóxicas, poco saludables, disfuncionales, desagradables, perturbadoras y distorsionadas que pensábamos que éramos o nos enseñaron que éramos o querían que fuéramos. Significa trabajar en nosotros para crecer, sanar, florecer, brillar y deslumbrar. Después de todo, nada más lindo en esta vida que darse el lujito de ser uno mismo, ¿no les parece? Ya saben, ¡Qué estén bien! - Izzy J

domingo, 10 de junio de 2018

Psicología | El arte de renunciar


Un estudio de dos décadas liderado por Timothy Judge de Notre Dame parece indicarnos que no hay mejor predictor para el éxito que la habilidad de elegir con confianza un curso de acción mientras que se abandonan otros.

Henry Ford decía: “Estén preparados para revisar cualquier sistema, deshacer todo método y abandonar toda teoría si el éxito del trabajo así lo requiere.”

Similarmente ocurre con la vida, donde a veces formulas, métodos y dinámicas que alguna vez nos funcionaron y sirvieron dejan de hacerlo, y si queremos crecer, nos toca cambiar y buscar nuevas maneras. Lo que el trabajo así requiera.

Hacer cambios, y renunciar a muchas cosas porque el trabajo así lo requiere no es fácil y se requiere de mucho valor y fuerza, pero no es imposible. Puede costarnos mucho, hacernos mucho ruido y revolvernos durante el proceso, pero si renunciar es lo que se requiere para salir adelante, créanme que a la larga todos salimos ganando.

Ya saben, ¡que estén bien! - Izzy :)

Fuente: When Quitters Win, por Nick Tasler.

Publicada originalmente: sábado, 29 de diciembre de 2012

martes, 10 de abril de 2018

Psicología | Hablar más de ir a terapia.


Vamos a ser francos, el estigma de ir a terapia existe, nos guste o no. Es algo que la gente asocia con estar enfermos, dañados, locos, etc. Y bueno, hay personas que van a terapia y están “enfermas” porque su salud mental está comprometida, otras tantas no están “dañadas” pero si les han hecho daño o las han lastimado, y otras no están “locas”, pero quizás sufran de un trastorno mental.

También hay personas que van a terapia porque están lidiando con una situación particular muy difícil y necesitan ayuda, guía, orientación y contención. Otras se percatan de que están repitiendo patrones (dándose una y otra vez con la misma pared) y quieren cambiar. Otras quieren entender mejor su historia, la propia y/o la familiar. Muchos van porque desean trabajar en su desarrollo individual y en su crecimiento personal.

Los terapeutas no estamos exentos de nada de esto. Después de todo, somos humanos. El “yo” (ego) está en una lucha constante con su “ello” (el id, o inconsciente) y su “súper yo” (súper ego), mediando entre los deseos de uno y las reglas del otro. Para esto pone en práctica toda una serie de defensas (sanas y naturales en su justa medida) y ante situaciones difíciles, estresantes, traumáticas y límites a veces estas defensas fracasan y caen, permitiendo la entrada del trastorno, el malestar, la enfermedad mental.

Cuando el “yo” del paciente está debilitado, el terapeuta le “presta” el suyo. En la teoría psicodinámica se dice que el terapeuta pone su “yo” sano al servicio del paciente. La palabra clave aquí es “sano”. Cuando tratamos día a día con personas con problemas emocionales y trastornos mentales, nuestra salud mental requiere cuidarse mucho.

Si lo vemos de esta forma, los terapeutas tenemos razones, motivos, derechos y responsabilidades que nos dan permiso para ir a terapia, como seres humanos y como profesionales de la salud mental.

Tomando esto en cuenta, creeríamos que todos los terapeutas vamos a terapia (no necesariamente cierto), y que todos hablamos abiertamente sobre nuestro proceso terapéutico individual (no necesariamente cierto). No hablo de ventilar cada detalle del mismo, sino de ser más abierto al respecto.

No es que tengamos que hacerlo, hablar de ello. Después de todo, cada quien tiene derecho a elegir qué aspectos de su vida personal hace públicos y cuales mantiene en privado. Sin embargo, en el caso de los psicólogos y la terapia, hay buenas razones para hablar de ello.

A mí me gusta hacerlo, y me encanta ver a otros colegas que hacen lo mismo.

¿Por qué? Bueno, primero, porque en Panamá todavía hay mucho estigma y tabú acerca de ir a terapia, y creo que si a los mismos psicólogos nos da pena o vergüenza decir que vamos, ¿cómo esperamos que las demás personas también lo vean como algo normal, positivo y saludable? Para normalizar la terapia, hay que hablar más de ella, empoderarse del proceso terapéutico.

Segundo, aprendemos mucho en terapia. Aprendemos cosas que nos sirven en nuestro desarrollo personal, en nuestro crecimiento individual y también en nuestro trabajo como terapeutas. Elaboramos y entendemos mejor nuestra propia historia, y esto nos permite entender mejor la de nuestros pacientes. Nos hacemos conscientes de los patrones que seguimos repitiendo una y otra vez y aprendemos nuevas alternativas, una mejor manera, una forma más saludable. Disfruto compartir esas cosas, porque uno aprende para poder compartir lo aprendido, o al menos es lo que pienso.

Tercero, creo que como terapeutas, este es uno de esos puntos que no se negocian. Tenemos que ir a terapia o supervisión, no podemos darnos el lujo de descuidar nuestra salud mental y emocional, es nuestra responsabilidad para con nosotros mismos y para con nuestros consultantes. ¡No hay nada peor o más peligroso que un terapeuta que está más revuelto que sus consultantes! Es como una brújula descompuesta, ¡no hay forma de que apunte al norte! Es como un foco dañado, ¡no hay manera que ilumine! ¿Se entiende?

Mientras tanto, yo voy a seguir yendo a terapia, y hablando de ello. Quién sabe, de repente lo que yo les cuento le sirve a alguien con un paciente o cliente, o anima a alguien a ir a terapia o a hablar acerca de su propio proceso. Y todos salimos ganando. - Izzy

Fecha de publicación original: viernes, 18 de abril de 2014

lunes, 9 de abril de 2018

Sexualidad | ¿Cómo influye la personalidad, estatus socioeconómico e historia sexual en la frecuencia de los orgasmos femeninos?


¡Jelou! Leyendo el libro “S=ex2 (La Ciencia del Sexo)” de Pere Estupinya aprendí un montón de cosas súper interesantes acerca de nuestra sexualidad humana, en este caso, sobre un tema fascinante: la frecuencia de los orgasmos femeninos, les cuento...

En 2011 un estudio con 2914 gemelas australianas exploró cómo la personalidad, estatus socioeconómico e historia sexual influían en la frecuencia de sus orgasmos (durante la masturbación, el coito y otras actividades sexuales). El estudio arrojó las siguientes correlaciones:

- Tener mayor libido aumentaba los orgasmos tanto por coito como por masturbación.

- Las mujeres que tenían fantasías fuera de su pareja experimentaron menos orgasmos durante el coito pero muchos más masturbándose.

- Tener actitudes restrictivas sobre el sexo no afectaba los orgasmos en pareja, pero si disminuyó los individuales.

- La clase social no afectaba los orgasmos durante el coito, pero cuanta más alta, mayor la frecuencia de orgasmos durante la masturbación.

- A nivel de estudios más altos, menos orgasmos que la media durante el coito y más masturbándose.

- La extraversión y la impulsividad subían ligeramente la frecuencia de orgasmos en el coito.

- Las mujeres casadas tenían más orgasmos con sus parejas, y muy ligeramente por debajo de la media con masturbación.

- El número de parejas sexuales en el pasado no afectaba el sexo con la pareja actual, pero si estaba asociado a muchos más orgasmos individuales.

- La tardanza en tener sexo con penetración se relacionaba con menos orgasmos en edad adulta tanto durante el coito como masturbándose.

¿Otros factores que se asocian con menor frecuencia orgásmica?

Diversas enfermedades, algunos trastornos mentales, insatisfacción, alteraciones hormonales y envejecimiento.

¿Otros factores que se asocian con mayor frecuencia orgásmica?

La inteligencia emocional, actitud positiva hacia el sexo, variedad de prácticas sexuales, o uso de vibradores y lubricantes.

Fragmentos extraídos del libro el libro “S=ex2 (La Ciencia del Sexo)” de Pere Estupinya.

Fecha de publicación original: viernes, 25 de abril de 2014.

viernes, 6 de abril de 2018

Amor + Pareja | El gentil arte de ser feliz en pareja

Hay muchas cosas que las parejas felices hacen para ser felices, cosas específicas que aseguran la satisfacción de la pareja. No son cosas complicadas, después de todo, la felicidad es simple. El problema es que nosotros la complicamos, y nos complicamos, y se trata de aprender a descomplicarse. Nada fácil. Se entromete nuestro ego, nuestro narcisismo, nuestras proyecciones, nuestros triángulos, nuestros patrones relacionales aprendidos de nuestras familias de origen, nuestro apego desadaptado, estresores varios y una larga y variada lista de etcéteras…

Como dice mi terapeuta, es Parejas 101, o Matrimonio 101 (para el caso es lo mismo). Parece básico y sencillo. Muy simple. Quizás tanto, que pensamos que no nos hace falta asistir al curso y después pagamos el costo… o nos toca desaprender lo malo y aprender lo bueno. Básicamente, reprobamos Parejas 101 tantas veces como sea necesario hasta que dejamos de repetir los mismos patrones tóxicos, desadaptados, irreales, idealizados, y una vez más, una larga y variada lista de etcéteras.

Ahí nos damos cuenta (¡al fin!) que estas cosas tan simples definitivamente vale la pena hacerlas, y por simples que parezcan, ¡son esas mismas cosas que tantas veces olvidamos hacer con nuestra pareja y nos costó reprobar Parejas 101!


Como diría Cerati: “Trátame suavemente.”

Dicen que la gentileza puede transformar nuestras relaciones. Ojo, no es una frase hecha. El Instituto Gottman, líder en investigación matrimonial, indica que el ser gentil no es solamente un factor importante para determinar el éxito de nuestra relación, es el más importante.

Y es que ser gentiles con nuestra pareja se nos hace fácil cuando estamos enamorados, donde todo es bonito o al menos todo nos lo parece, ya que estamos viviendo en una canción de Jarabe de Palo. Pero la canción no dura para siempre, y cuando la fase de enamoramiento (que según Silvia Olmedo, dura aproximadamente año y medio) cede espacio a la fase de apego y las cosas se vuelven más serias, más comprometidas, más reales (y menos idealizadas) parece que una de las primeras cosas que tiramos por la ventana es la gentileza.

Cuando los conflictos en pareja empiezan a surgir y no se resuelven (usualmente porque llegamos a nuestras relaciones de pareja sin las habilidades necesarias para resolver estos conflictos de manera sana y constructiva y somos demasiado narcisistas para admitirlo y buscar la ayuda, guía y orientación de un buen terapeuta de parejas hasta que ya es tarde) se van acumulando, y junto con ellos se acumulan dos componentes que corroen la relación como el óxido al acero: el dolor y el resentimiento.

La gentileza distorsionada de los emocionalmente codependientes.

La codependencia emocional no ayuda, nunca lo hace. Las personas codependientes confunden el ser gentiles con ceder absoluta e irrevocablemente todo vestigio de asertividad. Nos pasamos de gentiles. Somos conciliatorios, mantenemos todo en paz, calma y serenidad, pero no nos damos cuenta que el dolor y el resentimiento simplemente se niegan y/o se reprimen. Quedan tapados por una capa exagerada de gentileza que en realidad no es gentileza, y eso se siente.

Otro punto importante es que la clave de ser gentiles en pareja tiene todo que ver con la simetría, la gentileza es mutua, no unilateral. No podemos ser gentiles mientras nuestra pareja nos trata como trapo de piso y viceversa. Ser gentil no implica dejar de ser firme ni asertivo, pero lo que nos cuesta entender a los codependientes es que podemos ser gentilmente firmes y asertivos. Es más, cuando somos sincera y genuinamente asertivos y firmes, pareciera que la gentileza brota espontáneamente, es más fácil.

Felizmente gentiles y gentilmente felices.

La gentileza empieza por casa. A través del ser tratados con gentileza por nuestros cuidadores primarios (quienes nos legarán un patrón de apego aprendido, que será en grados de más sano a menos sano: seguro, inseguro ambivalente/resistente, inseguro evitativo o desorganizado) aprendemos a tratarnos con gentileza, y por ende, a tratar con gentileza a los demás, sobre todo a aquellos a quienes más queremos y amamos.

Si no hemos sido tratados con gentileza, difícilmente sabremos cómo tratarnos gentilmente y tratar gentilmente a los demás, y como la felicidad va de la mano de la gentileza, la felicidad se nos hará un pez difícil de pescar (como diría Raine Maidia, de Our Lady Peace, excelente banda de rock canadiense).

Piénsenlo, si a través de nuestros vínculos más tempranos con nuestros cuidadores primarios se nos inculcó o aprendimos un patrón de apego seguro, estaremos seguros de que nos merecemos ser gentiles con nosotros mismos y felices, muy pero muy felices.

Si por el contrario, nuestro patrón de apego fue inseguro estaremos inseguros de todo, siempre pondremos en duda si nos merecemos ser tratados o tratarnos gentilmente o si merecemos ser felices. Imagínense si nuestro patrón de apego fue desorganizado, puro caos, mal lugar para la gentileza o la felicidad.

Cuando la falta de gentileza y felicidad son los patrones aprendidos, se pueden imaginar en qué manera nos relacionamos dentro del contexto de una relación de pareja, sobre todo tomando en cuenta que seguramente haremos clic con alguien con un pasado y un patrón de apego muy similar al nuestro.

Será puro caos, inseguridad, desorganización, toxicidad, triangulaciones, falta de gentileza y una buena dosis compartida amargamente de infelicidad colectiva.

Si les pinto el panorama muy oscuro, es para que, si se sienten identificados, ¡busquen ayuda! Los patrones de apego inseguros y desorganizados aprendidos se desaprenden y se aprenden nuevos, más seguros, más organizados.

Ya lo saben, no lo olviden, el primer paso hacia la felicidad (solos y en pareja), sean gentiles con ustedes mismos… - Izzy

Fecha de publicación original: lunes, 28 de abril de 2014

martes, 3 de abril de 2018

Sexualidad | Sexualidad ajena, proyecciones propias


A veces, la sexualidad ajena nos produce ruido, mucho ruido. Es decir, nos causa incomodidad, ansiedad, molestia, ira, rabia, enojo, etc. Hacemos demandas al respecto, siendo la más común de ellas pedir, reclamar, demandar que Fulana, Mengano, Ricky Martin, Jodie Foster o nuestro vecino de al lado “salgan del closet”.

Pensaríamos que estos personajes están metidos en el closet de la casa y por eso nos provoca tanta molestia y desaire pero no parece ser el caso, ¿o sí? Si no, ¿por qué nos causa tanto ruido el tema?

Ojo, no me refiero solamente al “closet” de la orientación sexual, como si el tener X o Y orientación sexual fuera la única conducta/preferencia/inclinación sexual acerca de la cual nos da pena hablar o preferimos guardar en privado. Hago otra aclaración, aparto de este post toda conducta sexual que no encaja dentro de las tres premisas de la sexualidad sana, vale la pena repetirlas:

Premisa básica #1: Persigue tus fetiches, fantasías, etc., siempre y cuando estos sean legales, consensuales, seguros y respetuosos.

Premisa básica #2: La piedra angular de la ética sexual es la consensualidad (estamos hablando de consentir con plena voluntad y conocimiento y capacidad de discernimiento, aquí no hay áreas grises, es muy claro y muy sencillo cuando alguien consiento o no, y cuando alguien no está en capacidad de consentir).

Premisa básica #3: Aunque la experimentación sexual se alienta, el descuido no. El sexo siempre puede ser más seguro (y hablamos de seguridad física, emocional y mental, no solo evitar un embarazo no deseado o una enfermedad de transmisión sexual, ¡ojo!) y, nos guste o no, siempre será mejor ser menos kinky pero respirar más tranquilos.

Básicamente, si nos hace ruido la conducta o comportamiento sexual de alguien porque el mismo no es consensual y/o puede causar daño a su persona o a terceros, ¡estamos justificados! ¡Ya estamos hablando de otro tema muy distinto!

De no ser así, ¿por qué nos importa/molesta tanto lo que pasa en el closet de otra persona? ¿De dónde surge nuestra necesidad/ansiedad de que esa persona “salga del closet”? Aquí también se hace muy necesario diferenciar el “estar en el closet” (no mostrar o compartir algo por temor, a pesar de desear poder hacerlo) versus “privacidad” (por ejemplo, el estar completamente cómodo con nuestra sexualidad, más disfrutar o preferir mantener la misma en privado).

Aquí entra en juego la proyección.

La proyección es un fenómeno fascinante. Es la transferencia (o proyección) involuntaria de nuestro propio comportamiento inconsciente en otras personas, de forma que nos parece que estas cualidades existen en los demás (mas no en nosotros).

Cuando nuestras emociones o aspectos inaceptables de nuestra personalidad nos causan ansiedad (ruido) atribuimos estas cualidades (como mecanismo de defensa) a objetos externos y otras personas.

Existe un “gancho” que invita a nuestra proyección (nos engancha), alguna cualidad imperfecta en otros activa algún aspecto propio que busca nuestra atención. Todo aquello sobre nosotros mismos que no aceptamos o reclamamos como propio lo proyectamos en los demás.

Por ejemplo, si estamos incómodos con nuestra sexualidad (o la negamos), atraeremos personas incomodas con su sexualidad (o que la niegan) a nuestras vidas (Aclaro: estar incómodos con nuestra sexualidad no tiene que ver solamente con nuestra orientación sexual, ¿okay?), suprimiremos nuestra propia incomodidad/negación y juzgaremos a aquellos que vemos como inseguros/en negación.

Solamente cuando nos mentimos a nosotros mismos u odiamos algún aspecto de nosotros obtendremos una carga emocional del comportamiento de otra persona. Partiendo de esta premisa, resulta relativamente fácil darse cuenta cuándo estamos proyectando:

“Si la persona o cosa en el ambiente nos informa, probablemente no estamos proyectando. Si la persona o cosa en el ambiente nos afecta, probablemente somos víctimas de nuestras propias proyecciones.”

Nuestra indignación sobre el comportamiento de otros usualmente tiene más que ver con un aspecto propio aún no resuelto.

En conclusión, la próxima vez que la sexualidad ajena nos afecte, pensemos y sintamos un poquito antes de actuar, no vaya a ser que lo que realmente nos está incomodando son nuestras propias proyecciones. - Izzy

Fecha de publicación original: domingo, 21 de abril de 2013