lunes, 31 de marzo de 2014

"Lucha entre su hijo y su celular” (colaboración con Irlanda Sotillo, publicada en Vivir+, La Prensa, 31 de marzo, 2014).

"Parece que hay padres a los que les da miedo estar presentes con sus hijos y sentarse a hablar con ellos, prefieren esconderse detrás del teléfono inteligente o darles a los pequeños una tableta para que se entretengan mientras llega la comida. Los niños que crecen observando esta conducta por parte de sus padres se convertirán en adultos con pocas habilidades sociales y poca tolerancia a la..."

miércoles, 26 de marzo de 2014

¿Ratas de laboratorio fetichistas?

"Nuestras primeras experiencias sexuales durante la infancia determinan nuestras preferencias, conductas y actividades sexuales en la etapa adulta. Esto les hace mucho ruido a algunas personas, les cuesta concebir y aceptar que la sexualidad está presente en nuestras vidas y en nuestras interacciones con nuestro entorno desde el momento en que comenzamos a existir..."

martes, 25 de marzo de 2014

Romper sin romperse en el proceso IV.


Un par de entradas atrás, compartí acerca de si nos puede gustar el BDSM sin saberlo, obviamente un tema que va muy por el lado de la sexualidad, ¿Qué tiene que ver esto con las rupturas y los duelos? Bueno, es muy simple, independientemente de que tanto nos guste o no el sadomasoquismo en la cama, a la hora de las rupturas, parece que a todos se nos da por volvernos masoquistas, ¿o no?

Parecemos monjes de la era medieval, auto-flagelándonos por nuestras “culpas” y “pecados” que seguramente provocaron que cayéramos de gracia, o en desgracia, y nos quedáramos solos. Adivinen que, hay mejores maneras de romper sin romperse en el proceso que jugar al rol del sacerdote auto-flagelador, es hora de ser un poco más misericordiosos con nosotros mismos y aprender formas más saludables y adaptativas de manejar nuestro proceso de ruptura/duelo sin torturarnos por el camino.

Al dolor no lo vamos a evitar, es una parte del proceso, digamos que es una de tantas pruebas que debemos superar durante la ruptura. A la que si podemos evitar es a la prima toxica del dolor, la obsesión, que también parece ser hermana por conveniencia del auto castigo sacado totalmente de contexto. 

Y es que, si ya sabemos que nos duele que esa persona ya no esté presente en nuestras vidas, ¿Cuál es la necesidad de torturarnos o martirizarnos aun más de lo necesario? ¿Será que nos cuesta soltar? ¡Claro que sí! Nos cuesta aprender a dejar ir cosas, personas y lugares; después de todo, el reflejo de apretar y no soltar es innato en los seres humanos.

¿Y si cambiamos los latigazos dolorosos por palmaditas reconfortantes?

Dejar ir implica desapegarse a la fuerza, ¡y los seres humanos estamos apegados al apego! Los monjes budistas en su máximo estado de iluminación y trascendencia logran el desapego… ¡y nos caen de la patada! Mientras ellos van por la vida desapegados de todo, nosotros vamos cargando nuestro apego a cuestas y maldiciendo: “Monje budista de mierda, por qué no te metes el desapego por el…”

Como nos cuesta desapegarnos, o despegarnos, hacemos todo lo contrario, nos apegamos o pegamos aun mas. ¡Qué pegajosos somos los seres humanos! Ahora sí, esta “pegajosidad” está muy lejos de ser esa cualidad afectiva enternecedora (y muchas veces empalagosa, pero aun así dulce) de cuando estamos en pareja, y se parece más al comportamiento típico del “obsesionado borderline stalker”.

De la noche a la mañana nos convertimos en una mezcla de espía/detective privado/hacker/despechado/obsesivo/mártir, y delirantes, porque en nuestras mentes se nos ocurre que a nuestra ex pareja eso le va a parecer atractivo. Claro, ¿quién se resiste a un mártir despechado obsesionado?

Pasamos “casualmente” por la calle de la casa o el depa de nuestra ex pareja, les seguimos la pista en Facebook y Twitter, nos fijamos si cambio la foto o el estado en Whatsapp, marcamos su número “sin querer” (“¡No, no fue mi trasero el que marcó cuando me senté en el celular, fue el destino!”). Ya saben, cosas por el estilo. Vamos, no se hagan que seguro al menos una de la lista la hicieron.

El que busca encuentra, al menos eso dicen por ahí, y de tanto repetir los comportamientos arriba indicados, en algún momento nos vamos a topar con algo, y ese algo va a representar simbólicamente a ese látigo que estuvimos buscando para auto flagelarnos mientras repetimos como mantra: “Por mi culpa, por mi culpa, por mi culpa...” ¿Y saben qué?, de repente sí, no necesariamente culpa, pero si responsabilidad, por habernos puesto en la posición de mártires obsesivos en vez de ocuparnos de lo que nos concierne: HACER NUESTRO DUELO.

Y adivinen que, el duelo no se hace a punta de latigazos. Tampoco se hace pasando veinte veces al día por la calle de nuestra ex pareja ni siguiendo sus movimientos en redes sociales en busca de una señal. Menos echándose culpas y poniéndose la etiqueta de pecadores. Cambiemos las culpas por responsabilidades y cambiemos la etiqueta de pecadores por la de seres humanos.

Cambiemos esos latigazos en la espalda que duelen por palmaditas que confortan. La idea de hacer el duelo es sentirnos mejor, poco a poco, no peor. Romper sin romperse en el proceso. Nos vemos en el camino. - Izzy

viernes, 21 de marzo de 2014

El sensitivo arte de ser feliz en pareja.


Las parejas felices hacen cosas específicas que aseguran la satisfacción. Si miramos con detenimiento, nos daremos cuenta de que son cosas bastante simples, pero definitivamente vale la pena hacerlas, y por simples que parezcan, ¡qué pena que son esas mismas cosas que tantas veces olvidamos hacer con nuestra pareja! Así que lean con atención y detenimiento, ya sea para hacer más felices su vida en pareja actual o la futura, ¿vale?

Tómate el tiempo de sentir a tu pareja… ¡y dejar que te sienta! O sea, ¡siéntanse!

Si, ya sabemos que tú y tu pareja comparten una conexión emocional, pero si descuidan la conexión física, esa conexión emocional no va a subsistir solita. La clave está en ¡conectar, conectar, conectar! Esto es especialmente valido en esta época de redes sociales y WhatsApp, donde cada vez pasamos más tiempo tocando nuestros teclados en vez de tocar a nuestra pareja. ¡No me echen cuentos, que la pareja siempre se va a sentir más rica al tacto que un teclado de plástico! Al conectar físicamente, nuestro órgano afectivo y sexual más poderoso (nuestro amadísimo cerebro) segrega oxitocina, la hormona favorita de los psicólogos, la hormona del amor y del apego (apego del bueno, del sano, del que se siente bien, rico, ¡sabroso!). 

Después de un tiempo de vivir en pareja, ¿no se sorprenden dándose esos besos de medio segundo antes de despedirse por la mañana o al reencontrarse en la tarde, esos que veían de niños o adolescentes en la tele y juraron que jamás darían a la persona que más aman? Que pasa, pasa, el tema está en atajarse antes de que se vuelva costumbre (y mala costumbre, por cierto) y tomarse tiempo para cada beso, cada abrazo, cada arrumaco… ¡acuérdense de esas primeras citas cuando recién se conocieron! Es más, no se queden con el recuerdo, ¡recréenlas! Las parejas felices se toman su tiempo sintiéndose mutuamente (Hey, esto no solo es romántico, ¡también es muy sensual y erótico!). 

¡Dejen que esa oxitocina haga su trabajo!

Dicen que las parejas felices son más felices cuando duermen juntas y desnudas, ¡y el clima de Panamá ayuda! Boten (o regalen, o donen) esos pijamas, y sweaters XXX-Large (en serio, ¿pijamas en Panamá?) y vuelvan a dormir como en las épocas antiguas, que a la oxitocina no le gusta usar mucha ropa. - Izzy

jueves, 20 de marzo de 2014

¿Te puede gustar el BDSM sin que lo sepas?

Según Meredith Chivers, Profesora Asistente de la Universidad de Queen en Kingston, Canadá, las mentes y los genitales de las mujeres responden de manera diferente a la excitación sexual, mientras que en los hombres, las respuestas del cuerpo y la mente están más en sintonía. Es lo que se denomina “concordancia sexual”, el grado de concordancia entre las calificaciones subjetivas (nuestra percepción de estar o no excitados) y medidas fisiológicas (la respuesta de nuestros genitales ante el estimulo) de excitación sexual en hombres y mujeres.

Chivers y su equipo de investigación se tomaron el trabajo de revisar 134 estudios publicados entre 1969 y 2007, que miden el grado de concordancia entre las experiencias subjetivas de excitación sexual y respuestas genitales fisiológicas. En general, los estudios examinaron los datos recogidos de más de 2500 mujeres y 1900 hombres. Los participantes indicaron lo excitados que se sintieron durante o después de que fueron expuestos a una variedad de estímulos sexuales, llamado excitación subjetiva. Midieron las respuestas fisiológicas a los estímulos sexuales que utilizan diferentes métodos, incluyendo cambios en la erección del pene para los hombres y los cambios en el flujo sanguíneo genital de la mujer.

Medidas subjetivas y fisiológicas de los hombres de la excitación sexual mostraron un mayor grado de concordancia que en las mujeres. Para los participantes masculinos, las valoraciones subjetivas más acordes a las lecturas fisiológicas indican que las mentes y genitales de los hombres se ponen de acuerdo con más facilidad. Para las mujeres, sin embargo, las respuestas de la mente y los genitales no estaban tan estrechamente emparejados como los de los hombres, lo que sugiere una división entre los cuerpos y las mentes de las mujeres. 




¡Alto, aclaración necesaria!

Antes de que las mujeres se indignen ante la premisa de que sus mentes y sus genitales están en discordancia y que los hombres se hinchen de orgullo desubicado ante la premisa de que sus mentes y genitales están más sincronizados que un monje budista a la entrada del Nirvana, ¡estamos hablando de mayores y menores grados de concordancia a lo largo de un continuo!

Hay mujeres con mayor concordancia y hay mujeres con menor concordancia; y hay hombres con mayor concordancia y hay hombres con menor concordancia. En términos generales (y recordemos siempre que la norma hace a la excepción) los hombres reportamos una mayor concordancia, pero no por merito propio (si, pongan el ego de vuelta de donde lo sacaron) sino por simple cuestión fisiológica: ante la ausencia de excitación subjetiva y presencia de excitación fisiológica, es más fácil para un hombre percibir cuando tiene una erección que para una mujer percibir cuando su vagina esta lubricando.

Después de todo, las taras, complejos, inhibiciones y culpas que tenemos acerca de nuestra sexualidad y de las cosas que nos gustan sexualmente las compartimos tanto hombres como mujeres, ¡así que acá no se salva nadie y de esto aprendemos todos!




Entonces, ¿nos puede gustar el BDSM sin que lo sepamos?

Para prueba un botón, en este caso, un botón sadomasoquista. El equipo de Chivers se propuso detectar qué aspectos específicos del sadomasoquismo general la respuesta erótica. El experimento reunió a un grupo de hombres y mujeres sadomasoquistas y un grupo de convencionales o no-sadomasoquistas (o al menos eso es lo que creían). 

Les mostraron dos tipos de imágenes, unas con escenas de dolor, dominancia y sumisión sin ningún tipo de carga erótica (llamémosle sadomasoquismo no sexual) mientras que las otras imágenes también contenían un componente sadomasoquista, más desnudos, vestimentas sugerentes o personas atractivas.

Los sadomasoquistas experimentaban una respuesta de excitación erótica en ambos casos, mientras que los no-sadomasoquistas en general reaccionaban con las imágenes que incluían el componente erótico.

La parte interesante es que las mujeres que estaban experimentando una respuesta de excitación fisiológica ante las imágenes decían que no les gustaba ni excitaba lo que estaban viendo (o sea que subjetivamente no estaban excitadas, o al menos tenían la percepción subjetiva de no estarlo). Chivers observó además que algunas mujeres se excitaban fisiológicamente incluso más que con escenas eróticas similares sin componente sadomasoquista. 

Ahora, esto no necesariamente significa que estas mujeres eran sadomasoquistas reprimidas o negadas. El que algo nos excite fisiológicamente más no subjetivamente no significa que nos tenga que excitar, nuestros genitales nos dan una señal, nuestra mente decide qué hacer con ella.

Lo que si significa es que si una persona estuviera predispuesta a explorar algunos aspectos del sadomasoquismo con su pareja, quizás podría descubrir alguna faceta nueva y muy interesante de su sexualidad. 

Mientras se haga con respeto, consentimiento, igualdad, confianza y seguridad, vale la pena explorar, ¿no les parece? - Izzy

Fragmentos extraídos del artículo “Agreement of Self-Reported and Genital Measures of Sexual Arousal in Men and Women: A Meta-Analysis” por Meredith Chivers, Michael Seto, Martin Lalumiere, Ellen Laan y Teresa Grimbos y del libro “S=ex2: La ciencia del sexo” por Pere Estupinyá.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Romper sin romperse en el proceso III.

Rompieron, la relación llegó a su fin, abrieron la caja de Schrödinger y descubrieron que si, efectivamente, el gato estaba muerto, más que muerto y el cadáver apesta. Es hora de enterrar la relación y ninguno de los dos sabe si hacerlo, si tratar de resucitarla o saltar a la tumba y enterrarse en vida con ella. “Tal vez si salto, él (o ella) también lo haga, y viviremos por siempre infelizmente, 2 metros bajo tierra y junto a una relación muerta… ¿no es un cuento de hadas hecho realidad?” Si, ¡si se lo soñó Edgar Allan Poe, de repente!

Cuando hacemos el duelo de nuestra relación que ya no fue, pasa algo muy similar a lo que ocurre durante los entierros, todo el mundo habla acerca del difunto (en este caso, la relación) como si hubiera sido todo bueno y nada de malo:

“¡Se veían tan bonitos juntos!”

“¡Hacían tan buena pareja!”

“¡Eran tan unidos, un equipo!”

“Tan buena gente los dos, tal para cual!”


Y, claro, los dos empiezan a pensar lo mismo y a buscar excusas y justificativos para una resucitación temprana, después de todo, el cadáver está aún fresco e ideas más torpes se han visto, entre océanos de oro y tumbas de sal:

“¡Es que nos veíamos tan bonitos juntos!”

“¡Es que hacíamos tan buena pareja!”

“¡Es que eramos tan unidos, un equipo!”

“¡Es que somos tan buena gente los dos, tal para cual!”


Ahora ya ambos están delirando que la relación resucita milagrosamente, con una enorme sonrisa, proclamando a los cuatro vientos: “¡No, no me morí! Estoy viva, su fe me revivió y ahora nunca, nunca, jamás los dejaré! ¡Weeee!”

Así, llevados por el impulso, el miedo a la soledad, el apego y la idealización, planean un “revival” de la relación… 

… a los cuatro días, ambos desean que hubiera seguido muerta, o planean como darle una segunda muerte. Los dos se hacen la misma pregunta: “¿En qué diablos estaba pensando?”



Mejor convivimos un tiempo con fantasmas pero no con idealizaciones.

El proceso de des-idealización de la pareja y de la relación es un proceso fuerte, un golpe de frente a 180 kilómetros por hora con una pared de concreto de 60 centímetros de espesor llamada “realidad”. Sin bolsa de aire. Sin cinturón de seguridad. Sin “dummies” detrás del volante. Y si, seguimos vivos después del impacto, a pesar de sentirnos muertos.

Y es que cuando uno extraña, no extraña lo malo, al contrario, lo malo se niega, se reprime, se minimiza, le buscamos la vuelta que sea para hacerlo encajar en nuestro rompecabezas, aunque queden las piezas chuecas. 

Se nos cayó la pareja y la relación del pedestal y hacemos lo imposible por volverla a montar. ¿Y saben qué pasa? Cuando fracasan nuestros intentos por hacerlo, cavamos un pozo para nosotros, para mantener la ilusión de lo ideal que nunca fue y nunca será. Y es que desde el fondo del pozo, todo y todos parecieran estar sobre un pedestal, ¿no?

La pregunta es: ¿realmente tu plan de vida implicaba vivir en un pozo?

Convivir por un tiempo con los fantasmas de lo que fue, no será y pudo haber sido no es fácil, pero es mejor que seguir viviendo ilusionados con idealizaciones, sobre todo después de haber sobrevivido a un choque frontal con la REALIDAD.

No hablo de irse al otro extremo, no hablo de satanizar ni a la ex pareja ni a la ex relación. Hablo de hacer un recuento, un inventario, justo y necesario de lo bueno y lo malo, para tener una visión real de lo que fue la relación y tener una visión real de nuestra ex pareja y de nosotros mismos.

Seamos responsables sin ser injustos, con nosotros mismos y con aquella persona que para bien o para mal, eligió compartir parte de su vida con nosotros, y elegimos compartir parte de la nuestra con ella. Al final de una relación, cada cual recoge su paquete, sus proyecciones, las cosas que proyectamos (buenas y malas) sobre nuestras parejas y sobre la relación, y nos hacemos responsables. 

No botemos lo bueno con lo malo, ni lo malo con lo bueno. En este proceso de duelo, de romper sin romperse en el proceso, nos toca elaborar tanto lo bueno como lo malo, porque de lo contrario, siempre nos vamos a quedar con la mitad de una historia, una historia a medias de una relación a medias, y lo único que nos quedará de saldo será un duelo a medias. 

Bienvenidos a la realidad. Bienvenidos al duelo. Nos vemos en el camino. - Izzy

martes, 18 de marzo de 2014

"Una venta más personalizada" (colaboración con Karla Jiménez Comrie publicada en Vivir+, La Prensa, 18 de marzo, 2014).

"...estas fotografías permiten ver aspectos de la vida de otras personas o de famosos, que antes era imposible conocer sin contar con una cercanía evidente con ellas. La forma en que exponemos nuestras vidas ha cambiado, al contar con un número elevado de seguidores podríamos sentir que formamos parte de algo o que estamos menos solos, aunque el caso sea contrario."

lunes, 17 de marzo de 2014

¿Mentes y genitales en desacuerdo?

Con todas las distorsiones cognitivas, creencias irracionales, pensamientos rígidos, tabúes y miedos con los que nos crían y educan desde la infancia en relación al sexo, no es de extrañar que lleguemos a adultos con un conocimiento muy pobre acerca de nuestra sexualidad, nuestros genitales y aquello que nos gusta y excita versus lo que no. Tenemos muy pocos permisos para explorar y explorarnos, así nuestra sexualidad crece a la sombra de la culpa y el miedo.

Podemos aprender mucho de nuestros cuerpos y genitales, si les damos permiso de enseñarnos y nos damos permiso de aprender, sobre todo acerca de aquellas cosas que pensamos no nos excitan, o al menos eso nos dice nuestra mente, mientras que nuestros genitales nos envían una señal muy alta y clara de que quizás no sea tan así…

Lo que ocurre, como descubrí leyendo el fantástico libro “S=ex2: La ciencia del sexo” de Pere Estupinyá, es que la reacción de nuestros genitales no siempre concuerda con nuestra percepción subjetiva de estar excitados. Nuestra mente puede decidir que algo no nos gusta, no nos atrae y no nos excita mientras nuestro cuerpo y genitales bailan al son de su propia tonada. ¡No nos asustemos, esta es una excelente oportunidad de retar nuestros miedos, desaprender lo que nos enseñaron mal acerca de nuestra sexualidad y aprender lo que realmente nos gusta, nos atrae, nos enciende, nos prende, nos excita… sin tanto tabú, inhibiciones y penas! ¿Nos atrevemos?




Ahora bien, ¿qué es la concordancia sexual? Es el grado de correspondencia entre la respuesta fisiológica de nuestros genitales y la experiencia subjetiva de sentirnos excitados o no. Es decir, los genitales pueden reaccionar a estímulos que nuestra mente no interpreta ni experimenta como excitantes y no ser conscientes de ello.

La concordancia sexual entre mente y genitales femeninos es mucho más limitada que en hombres. Esto se debe, al menos en parte, a que en los hombres es más fácil identificar un principio de erección y asociarlo a sensación de excitación, mientras que algunas mujeres no saben si han lubricado hasta que se tocan.

¡Esto no significa que todas las mujeres experimentan discordancia sexual! Más bien, la diversidad de respuesta es enorme. Hay mujeres absolutamente conscientes del estado de sus genitales (concordancia alta) y otras que no (concordancia baja) y claro, un continuo de gradientes entre ambos extremos.

¿Qué influye en estas diferencias? Según estudios, la concordancia sexual está asociada a mayor nivel educativo y frecuencia de masturbación. Las mujeres que practican meditación o técnicas de relajación también suelen desarrollar mayor concordancia.

¿Y de que sirve una mayor concordancia? Simple: las mujeres con mayor concordancia se declaran más satisfechas con su sexualidad. Como indica Estupinyá:

“Conocer la respuesta de los genitales puede dar información 
útil sobre algunas fantasías  o prácticas que nos pueden 
atraer sin ser del todo conscientes de ello.”

Los hombres también le podemos sacar provecho y aprendizaje a esto, así que los reto a hacerlo, porque de la misma forma en que los genitales femeninos ponen a prueba la mente de la mujer y la obligan a repensar su sexualidad, lo mismo ocurre con nosotros, ¡solo que nuestros genitales son mucho más claros a la hora de transmitirnos el mensaje, y nosotros mucho más rápidos para hacernos los desentendidos!

¿Recomendaciones para ambos sexos? Educarnos más acerca de nuestro cuerpo y nuestra sexualidad; masturbarnos más para conocer mejor nuestro cuerpo, nuestros genitales y qué nos excita; atrevernos más a explorar esas fantasías y prácticas que nos excitan, provocan morbo y/o curiosidad (¡siempre con respeto, consentimiento, igualdad, confianza y seguridad!) y, por qué no, practicar meditación y/o técnicas de relajación, ¡mal no nos viene! Ah, y todo esto lo podemos hacer solos o en pareja. - Izzy

Fragmentos extraídos del libro “S=ex2: La ciencia del sexo” por Pere Estupinyá.

sábado, 15 de marzo de 2014

El narcisista en ti, el narcisista en mi… y en todos nosotros.

"En este tema del narcisismo, todos caemos en algún punto del continuo, y como en todo continuo, la clave está en no irse a los extremos. Es un tema muy subjetivo, y si nos pasamos la vida o la mayor parte de nuestro tiempo apuntando el dedo hacia los demás, gritando “¡Narcisista!”, vale la pena recordar que los otros cuatro dedos nos apuntan a nosotros. Después de todo, por qué te roba tanto la calma..."

jueves, 13 de marzo de 2014

Romper sin romperse en el proceso II.

Después que terminé de elaborar la entrada anterior, me quedé pensando, ¡qué difícil que es hoy en día evitar caer en esas “zonas grises” entre “fuimos” y “ya no somos” que ocurren después de una ruptura. Y es que las redes sociales nos tienen enredados y es difícil desenredarse, y especialmente aquí en Panamá, donde los 6 grados de separación a veces parecen ser 3, 2 y hasta 1.

Redes sociales, amigos mutuos, ex-familiares y todo lo demás también…

Es casi inevitable toparse con la presencia de esa persona que ya no es parte de tu vida en las redes sociales, en encuentros con amigos en común, al cruzarse con los ex-parientes políticos en la calle, en el súper, en el centro comercial, cine, etc.

Incluso si eliminas a tu ex pareja, ex parientes políticos y ex amigos en común de tus contactos en redes sociales, es tan fácil que indirectamente te des cuenta de que alguien que sigues o te sigue también sigue o es seguido por tu ex pareja.


¿Será que hay que desconectarse del mundo hasta que termine el duelo? Si queremos romper sin rompernos en el proceso, toca tomar todas las medidas preventivas posibles, sin tampoco dejar de vivir. Evitar los lugares comunes, evitar las situaciones dónde sería previsible toparse con el recuerdo o los fantasmas de lo que fue, no fue y pudo haber sido.

¿Y si nos pasa, por mas prevenciones que hayamos tomado? Respirar profundo y comportarse con dignidad. Sobrellevar el momento de la mejor manera posible, procurar hacerlo lo más corto posible y seguir camino.

Ojo, no me refiero a que ahora tu ex pareja y tu son enemigos a muerte, indeseables, no se pueden ni ver, sino que no es fácil toparse con la persona con la que compartiste un montón de cosas lindas y ambos saber que ahora es diferente. Cuesta, y es una parte natural del proceso, mas aun si hubo muchas vivencias positivas y profundas compartidas.

Otro punto importante, es muy difícil predecir cómo vamos a reaccionar (o como va a reaccionar la otra persona) si ocurre un encuentro después de la ruptura. Uno se lo imagina de una forma, se hace toda una película en la cabeza, anticipa los diálogos y las reacciones… y cuando pasa, ¡nada que ver! Se nos olvidan las líneas, no sabemos qué decir, que hacer, ¡casi nos dan ganas de salir corriendo como en las comiquitas!

No se auto-castiguen de más, eso también es normal y parte del proceso. Se va aprendiendo sobre la marcha y no hay dos rupturas iguales, porque no hay dos relaciones iguales y cada persona es un mundo y cada pareja y ex-pareja es una combinación única de esos dos mundos (aunque sean mundos que ya no son).

Si sienten que reaccionaron mal, o no como hubieran querido, si terminaron bien o más o menos bien y aun hay un canal de comunicación posible, pueden explicarse y aclararse (ojo, si saliste de una relación codependiente, recuerda que es la dinámica usual preocuparse de mas por la otra persona y de menos por uno mismo y que es hora de empezar a dejar de hacer eso, aunque nos cueste, quizás esta vez lo mejor sea resistir la tentación de explicarse y aclararse ante la otra persona, y en lugar de eso, mejor aclararse y explicarse ante uno mismo, para no seguir repitiendo patrones). 

Si terminaron mal y ya no hay canal de comunicación, bueno, mas justificación para reaccionar así, ¿qué se le va a hacer? Somos humanos, y en este momento, nuestra prioridad es nuestro bienestar y confiar en que la ex pareja también esté velando por la propia, para que nadie se rompa en este proceso de romper. Nos vemos en el camino. - Izzy.