lunes, 29 de septiembre de 2014

El arte de hacernos responsables por nuestro propio paquete.


En nuestra búsqueda de pareja, conectamos por medio de nuestros aspectos positivos tanto como los negativos. O sea, hacemos clic en lo bueno y en lo malo, en lo lindo y en lo feo, en lo saludable y en lo disfuncional.

Muchas veces, nuestras expectativas y demandas irreales proyectadas en nuestras parejas nos hace verlas de manera idealizada. En ella buscamos compensación y reparación de daños, ausencias y anhelos que vienen de mucho atrás, y que en realidad, no le corresponde a nuestra pareja llenar.

Y es que nuestra pareja no viene a llenar vacíos previos, eso nos toca a nosotros en nuestro propio proceso terapéutico. La pareja está para construir sobre terreno firme y en común, no para rellenar espacios del pasado que nuestros padres olvidaron, obviaron o simplemente no pudieron llenar.

Hacer frente a estos espacios vacíos produce mucha ansiedad, miedo y soledad, sobre todo porque significa responsabilizarse de ellos, y recoger ese paquete que decidimos dejar equivocadamente en manos de nuestra pareja. Que cada quien se haga responsable de su historia, de su pasado, de sus vacíos, de su duelo y de su proceso de crecimiento.

Aquí muchos descubrimos que aunque nos creíamos muy adultos al entrar en una relación de pareja, en realidad no éramos más que un par de niños muy asustados, y ahora toca crecer y volverse adultos. Y si, crecer duele, pero es muy necesario, tan necesario como nuestros duelos, aunque asusten. – Izzy

viernes, 19 de septiembre de 2014

El responsable arte de ser feliz en pareja.


Entre las muchas cosas que tenemos que ser para ser felices en pareja, no podemos dejar de lado la responsabilidad. Después de todo, ¿a quién le gusta estar emparejado con una persona irresponsable, ya sea que no adquiere responsabilidades o no se hace responsable de sus actos y conductas?

La responsabilidad en pareja es una calle de dos vías. Si somos responsables ante nuestra pareja, bien podemos esperar que ésta sea responsable ante nosotros. Claro, ¡por lo que a cada parte le toca!

Y es que cuando asumimos más responsabilidad de la debida, con la idea de aligerar la carga ajena aumentamos la propia y por querernos hacer los buenos samaritanos, acabamos amargados y resentidos, lanzando indirectas y ataques pasivo agresivos hacia nuestra contraparte.

Esto a menudo no es más que consecuencia de ser poco asertivos y muy codependientes, una fórmula muy mal equilibrada y altamente toxica para nosotros y para nuestra pareja.

Mike Bundrant, terapeuta experto en PNL (Programación Neurolingüística) nos cuenta que las parejas saludables son expertas en tener muy claras sus responsabilidades mutuas. Es decir, cada quien se hace responsable por su paquete, en lugar de echárselo a la otra persona, como lamentablemente suele suceder en muchas situaciones de pareja que desencadenan en conflicto, separaciones o visitas al terapeuta de parejas.

Entender, y aceptar, los límites de la responsabilidad del otro con respecto a uno solo se logra después de haber adquirido la capacidad de hacerse responsable por lo propio. ¿Se entiende? Vamos a seguir recibiendo paquetes ajenos (en forma de demandas, culpas, críticas, expectativas, idealizaciones, proyecciones y otras hierbas) en la medida en que los sigamos repartiendo. Toca ir a terapia, abrir nuestro paquete (por mas miedo y ansiedad que nos de hacerlo) y examinar detenidamente su contenido, para saber dónde poner cada cosa.

¡A guardar, a guardar, cada cosa en su lugar!” ¿Quién se hubiera imaginado que una canción infantil sería la metáfora perfecta a hacerse responsable de nuestras proyecciones (nuestro “paquete”)?

Es muy difícil (además de muy injusto) reclamar responsabilidad a la pareja mientras que uno jamás asume la responsabilidad de sus propias conductas, emociones, pensamiento, bagaje, paquete, maletas, historia, familia, proyecciones, sombra, anhelos, vacíos… ¿seguimos?

Esta estrategia solo lleva a la pareja hacia un mutuo resentimiento y actitud defensiva. “Jinetes del Apocalipsis” los bautizó John Gottman, y con justa razón.

Es una cuestión de actitud madura y reciprocidad. Si queremos que nuestra pareja reconozca su responsabilidad, tenemos que estar dispuestos a reconocer la propia. ¿Pero por dónde empezar? Mmmmm, muy buena pregunta. ¿Qué tal por ir a terapia? A mí me parece un excelente inicio. - Izzy

Fragmentos extraidos de “Six Things Happy Couples Do Differently than the Rest (Based on Research)” (autor: Mike Bundrant).

lunes, 15 de septiembre de 2014

El sorprendente arte de ser feliz en pareja.

El amor y el sexo se parecen mucha en una cosa… ¡ninguno de los dos es una dieta! La variedad es la clave, y de la misma manera en que muchos se rinden ante las dietas hartos por la falta de variedad, la necesidad humana por la variedad también puede hacernos querer rendirnos de nuestra relación de pareja a largo plazo… ojo, ¡solo si no la satisfacemos! Esto no significa buscar la variedad afuera, sino esforzarse, tanto individualmente como en pareja, en buscar la variedad dentro de la relación. Probar cosas nuevas, o sacar viejos trucos de la maleta de variedades cuando la otra persona menos se lo espera.

A veces caemos en el equívoco de creer que para seguir sorprendiendo a nuestra pareja, necesitamos de grandes gestos, cuando en realidad, son los detalles pequeños los que mantienen la vida en pareja interesante.

Tanto en la cama como fuera de ella, las mejores sorpresas involucran el ser atentos y considerados hacia nuestra pareja. Esos pequeños detalles que le dicen a nuestra pareja “¡Si, se dio cuenta qué eso me llamó la atención!” o “¡Wow, cuando le tiré la indirecta y se hizo el desentendido, si me había captado! ¡Qué lindo!”




Estos consejos de Mike Bundrant (terapeuta experto en PNL, o Programación Neuro Lingüística) para recordarnos de las cosas pequeñas que importan en grande me parecen muy atinados:

- Decirle “te amo” a nuestra pareja espontáneamente (mientras hacen el súper de los domingos).

- Regalos y salidas BBB (Bueno, Bonito y Barato).

- Hacer las tareas de la casa por la otra persona (preparar la cena, organizar el closet, bañar al perro).

- Ofrecer un masaje (si, los masajes son un preámbulo excelente al sexo, pero también es una sorpresa grata para tu pareja que le des uno sin esperar que haya sexo después).

Lo mejor de estos pequeños detalles es que tienen valor acumulativo y su efecto perdura, especialmente cuando lo convertimos en una especie de ritual o algo muy de la pareja. Y recuerden, si les gusta ser sorprendidos, ¡sorprendan también, que la reciprocidad es un excelente afrodisiaco! - Izzy

Fragmentos extraidos de “Six Things Happy Couples Do Differently than the Rest (Based on Research)” (Autor: Mike Bundrant).

lunes, 8 de septiembre de 2014

Estrés, pareja y el estado premórbido de nuestras familias de origen.


La relación de pareja es un proceso de aprendizaje enriquecedor, para bien o para mal, y conocer más acerca de la influencia que ejercen sobre ella nuestras respectivas familias de origen definitivamente nos ayuda a entender mejor tanto a nuestras parejas como a nosotros mismos.

Muchos desconocemos que nuestra capacidad para manejar el estrés (cómo lo manejamos y cuánto podemos tolerar antes de caer en patrones y conductas tóxicas, disfuncionales y maladaptativas) viene determinada en parte por nuestra familia de origen, un sistema multigeneracional en el cual cada generación es influenciada (y reforzada) por aquella que la precede.

Según los autores de “The Evaluation and Treatment of Marital Conflict”, toda relación de pareja existe dentro de este sistema familiar multigeneracional, fuente de la herencia biológica y psicológica de ambos integrantes.

El estado premórbido de una familia, su nivel de funcionamiento previo al surgimiento de síntomas conflictivos dentro de la pareja, es un indicador de la cantidad de estrés que probablemente sea canalizado hacia la relación de pareja desde la familia extendida. También es un excelente predictor de cuánto estrés puede absorber (y disipar) la pareja sin producir síntomas.

La relación de pareja es la unión de dos sistemas familiares y los mejores indicadores del estado premórbido de la familia son:

- El número y la severidad de disfunciones individuales en el sistema familiar multigeneracional.

- El número de conflictos y puntos de cortes (miembros de la familia que interrumpen contacto o comunicación entre sí) en las relaciones dentro de ese sistema.

La unión de dos sistemas, y los tipos de relaciones que existen en estos, inician la relación de pareja en un nivel dado (es decir, en un punto particular a lo largo de un continuo de funcionalidad/disfuncionalidad, salud/enfermedad, normalidad/patología, etc.).

Aquí ocurre un hecho muy interesante y significativo. Cuando estamos dentro del sistema, es muy difícil darnos cuenta de la disfuncionalidad, ya que básicamente hemos crecido inmersos en ella, y como la disfuncionalidad suele ser la manera más funcional en que el sistema familiar ha logrado funcionar, tomamos lo disfuncional como la norma.

Sin embargo, quizás nos resulta más fácil notar la disfuncionalidad en el sistema familiar de nuestra pareja, y viceversa (eso de ver la paja en el ojo ajeno, ¿les suena?). Y de la misma manera en que esta se sentirá agredida cuando se lo hagamos notar, nos sentiremos nosotros también agredidos cuando nuestra pareja haga lo mismo.

Un tercer observador, uno no inmerso en ninguno de los dos sistemas familiares, logrará ver cosas que ninguno de los integrantes de la pareja podrá ver. Aquí el inmenso valor del terapeuta de parejas y de la terapia de parejas.

En este punto surge una realidad que muchas parejas (y especialmente sus familias) son incapaces de ver, entender y procesar: “Cuando se forma una relación de pareja, dos familias que jamás habrían tenido interés alguno en relacionarse entre si quedan unidas en una relación permanente que ninguna de las dos buscó.”

¿Alguna vez se han puesto a pensar cómo la historia y dinámica de sus familias de origen pueden estar afectando negativamente su relación de pareja, haciéndoles repetir patrones tóxicos y disfuncionales? ¿Cuántos de sus conflictos de pareja se organizan alrededor de sus respectivas familias de origen? ¿Se han sentido “mediadores”, “árbitros” o “conciliadores” entre sus familias de origen y sus parejas? Estas son solo algunas interrogantes que pueden explorar en terapia, ya sea una terapia de pareja o una terapia individual. Los invito a hacer el ejercicio. - Izzy

Fragmentos extraídos del libro: “The Evaluation and Treatment of Marital Conflict” (Autores: P. Guerin, L. Fay, S. Burden y J. Kautto).

viernes, 5 de septiembre de 2014

Sexo, confianza y comunicación: ¿Antídotos para la monotonía en la relación?

¡Mantener la emoción, la pasión, la intensidad y el interés en la relación de pareja a largo plazo puede volverse todo un desafío! De acuerdo con la Dra. Samantha Rodman, hay tres áreas principales que deben trabajarse en una relación a largo plazo que ha caído víctima de la monotonía: El sexo, la confianza y la comunicación.

Sexo.

Con el fin de mejorar nuestra vida sexual, y mantenerla en condiciones óptimas, tenemos que examinar tres criterios: Frecuencia, compatibilidad y pasión.

Frecuencia: ¿Tienes sexo al menos una vez a la semana con tu pareja? La Doctora considera este un buen objetivo (al menos para una pareja joven), y si más, mejor. Si la pareja no tiene relaciones sexuales con cierta frecuencia (exactamente “cuánta” frecuencia es la adecuada es una formula única para cada pareja, no hay fórmulas exactas, buenas ni malas, siempre y cuando, claro, funcionen para todos los involucrados) se puede perder el interés en la otra persona. Y es que tener sexo nos mantiene conectados y mantiene activos los drives (impulsos, energías, vibras, etc.) sexuales de cada cual. Acuérdense también que tener sexo nos hace liberar oxitocina, la ya uber famosa hormona del amor, el apego y todo lo bueno que viene después del sexo.

Compatibilidad: ¿Qué actividades sexuales les gustan a los dos? ¡Hagan eso! ¿Cuáles le gustan más a uno que al otro? ¡No hagan eso! Al menos por ahora. La Dra. Rodman recomienda mezclar frecuencia (una vez por semana para volver a ponerse en ritmo) con hacer algo que ya saben que los dos van a disfrutar (ya habrá tiempo para experimentar más adelante).

Pasión: Con el fin de cultivar la pasión, la pareja necesita sentirse realmente conectada. Esto significa mucho (buco rantan pocotón, en buen panameño) toqueteo, manoseo, besuqueo y todo lo demás que termina en “eo” y usualmente quedará excluido del horario de protección al menor. ¡Ojo, no se queden solo en lo físico! También deben sentirse reconocidos, amados y comprendidos con el fin de dejar de lado sus inhibiciones. ¡Y digo “deben” porque esto es válido tanto para hombres como para mujeres! ¡A los hombres también nos gusta recibir esa parte emocional y afectiva de nuestras parejas!




Confianza.

Pocas cosas paralizan el crecimiento de una pareja como la semilla de la desconfianza. Ojo, no se trata solo de confianza en torno a la fidelidad de la pareja, también surge el tema de si el amor y compromiso es verdadero y reciproco. Desconfianza e inseguridad, después de todo, van de la mano. También vale la pena recordar que la confianza se cultiva en pareja, pero se siembra en nuestras respectivas familias de origen.

Muchas veces, cuando la desconfianza asoma su fea cabeza sobre la relación, o la confianza esconde la propia, se piensa que el origen está en lo que sea que haya provocado la situación (por ejemplo, descubrir que la pareja ha estado coqueteando con otra persona por chat). Esto no es del todo errado, pero en realidad, esta situación es solamente un disparador que activa emociones, sentimientos y pensamientos originados en eventos y anhelos (ausencias y vacios) de nuestras infancias que son evocados por la nueva situación.

Si ha habido una historia de infidelidad, o incluso una de mentiras "menores" constantes, este sentimiento sospechoso puede erosionar la conexión de pareja, creando lejanía y distancia entre sus integrantes.

Comunicación.

“Lo que pasa es que tenemos un problema de comunicación.” Suena trillado, pero es una realidad, parece que comunicarnos entre nosotros, a al menos hacerlo de manera eficiente y saludable, es más difícil en la práctica que en la teoría. En la medida en que la pareja se aleja más y más de la fase de enamoramiento o amor romántico y se asienta en la etapa de amor por apego, a veces sucede que la pareja va perdiendo o dejando perder esos valiosos espacios para hablar y conectarse.

Rodman recomienda dejar de lado 30 minutos cada semana (ya es el colmo no encontrar 30 minutos en la semana, pero lamentablemente, pasa, y pasa mucho) para un check-in emotivo, durante el cual cada uno pregunta al otro cómo se siente acerca de la relación. Incluso vale llevar el tiempo, para asegurarse de que se cumpla, y la regla de oro: Prohibido hablar de cualquier otra cosa que no sea cómo se sienten emocionalmente el uno del otro. O sea, nada de hablar de las cuentas, los hijos, la familia, el carro que hay que llevar al taller, o la película que van a estrenar en el cine.

Otro ejercicio interesante: Durante la semana, todos los días, dejar de lado 10 minutos para hablar de temas que en realidad nunca discuten o hablan. El objetivo es llegar a conocer a la pareja en un nivel más profundo. Entre esto y trabajar en su conexión física, debería verse un aumento en la sensación de cercanía. Si les cuesta encontrar tema, algunas preguntas que pueden ayudar:

“¿Cuándo te diste cuenta que me amabas?”

“¿Qué aprendiste sobre el matrimonio de tus padres?” (1)

“¿Cuál es tu cosa favorita que haga por ti?”

“¿Cuál es tu recuerdo favorito de nosotros?“

“¿Cuál es tu recuerdo favorito de ser un niño?” (2)

“¿Cuál es tu recuerdo sexual favorito de nosotros?” (3)


(1) Esta pregunta me pareció muy atinada. Después de todo, nuestros padres son nuestro primer modelo de pareja, de ellos aprendemos cómo una pareja se comunica, se demuestra afecto, manejan y resuelven conflictos y diferencias y reaccionan ante situaciones estresantes. De ellos podemos aprender patrones saludables y apropiados o tóxicos y disfuncionales.

(2) Traer a la memoria un recuerdo agradable de la niñez nos ayuda a ponernos en contacto con nuestro niño interior. Claro, también hay infancias tristes y dolorosas, donde cuesta encontrar siquiera un recuerdo agradable o bonito. En este caso, toca ayudar a sanar a ese niño interior. La terapia ayuda mucho en este proceso. No se imaginan cuantas secuelas de la niñez traemos a nuestra vida adulta y a nuestra vida en pareja.

(3) Esta pregunta puede llevarlos de nuevo al sexo... ¿Hay que explicar más? :)

Fragmentos extraídos de “Reader Question: How Can I Spice Up My ‘Monotogamy’?” por Samantha Rodman.

lunes, 25 de agosto de 2014

¿Y quién toma la iniciativa para la primera cita?

"Pocas cosas nos despiertan más expectativas, ansiedad y demandas (muchas veces irracionales y totalmente pasadas de intensidad) que una primera cita. ¿Quién no lo ha sentido antes de dar el primer paso para hacerla posible? ¡Especialmente con alguien que nos mueve el piso a otro nivel! Los investigadores Jennifer MacGregor y Justin Cavallo encontraron que aunque estudios anteriores..."

viernes, 8 de agosto de 2014

Siete principios y cuatro jinetes II.


El investigador John Gottman ha observado a miles de parejas por décadas, y enfocándose en parejas emocionalmente inteligentes, encontró que todas se parecían en siete aspectos fundamentales para una relación a largo plazo viable:

1. Conocer el mundo de nuestra pareja.

Dicen que el amor está en los detalles, pero no se trata solamente de conocer los gustos, preferencias y detalles superficiales de nuestra pareja (su comida favorita, película predilecta, etc.). Para conocerse hay que abrirse, contarnos mutuamente nuestras historias, y querer conocer a la otra persona depende de estar dispuestos a dejarnos conocer por ella, y nuestro equipaje familiar (nuestra historia familiar) determina en gran medida qué y cuánto de nuestra historia y mundo emocional estamos dispuestos a compartir. Menos compartimos de nuestro mundo, menos vemos del mundo de nuestra pareja. Conocer a la otra persona es, en cierta forma, una experiencia que no tiene fin, el “mapa del amor” de nuestra pareja es dinámico y va cambiando igual que ella, ¡ténganlo en cuenta!

2. Experimentar de forma activa la admiración de nuestra pareja.

El criticismo y el desprecio son dos de los jinetes del apocalipsis relacional. Y es que cuando criticamos, solo nos enfocamos en lo negativo de nuestra pareja, es como si dejáramos de percibir en ella todos esos atributos que nos fascinan y hacen que la admiremos. Incluso hay personas que se sienten acomplejadas por los logros, aptitudes y cualidades de la pareja y en vez de admirarla, la envidian. ¡Si ves algo admirable en la otra persona, recuerda que es porque reconoces en ella aspectos tuyos! Si te cuesta reclamarlos, ¡a terapia! Siempre habrá una que otra crítica, seamos realistas, aquí lo importante es asegurar que tenemos más razones para admirar a nuestra pareja que para criticarla, ¡y que el sentimiento sea mutuo!

3. Enfrentarse en vez de darse la espalda.

No hay comunicación más directa que cuando ambas personas se miran a los ojos, y si no me creen, traten de tener una conversación con su pareja dándose la espalda. Van a ver que no es lo mismo. Cuando las parejas discuten, es común que se forme una brecha, una distancia, y que cada quien le dé la espalda al otro, al menos por un tiempo, hasta que los ánimos se aquieten. Las parejas emocionalmente inteligentes saben que es necesario hacer más movidas que los acerquen versus aquellas que los separen. Ojo, llevar la cuenta de quién dio el primer paso en acercarse la última vez también es nocivo, ¡no sean tan matemáticos, están usando el hemisferio incorrecto!

4. Permitirse se influenciado por la pareja.

Hay una frase de Anne-Lise Lovlie Schibbye que me parece muy indicada para este punto en particular: “Nacemos en conexión, sufrimos en soledad, nos desarrollamos en relación.” En su libro “The Vibrant Relationship” Kirsten Seidenfaden y Piet Draiby indican que solo aprendemos algo nuevo acerca de nosotros mismos mediante encuentros con personas que son diferentes de nosotros, y si bien a menudo hacemos “click” con nuestra pareja en base a aquellas cosas en que nos parecemos, crecemos a partir de nuestras diferencias intrínsecas. Los conflictos que enfrentamos con nuestras parejas, que casi siempre se basan en diferencias, deben verse como oportunidades de aprendizaje y crecimiento, siempre y cuando nos permitimos ser influenciados en lo positivo por nuestra pareja.

5. Resolver los problemas solucionables.

Una creencia irracional que muchos llevamos a nuestras relaciones de pareja sin tener idea de ello es el supuesto de que deberíamos poder resolver todos nuestros problemas y diferencias. ¡Imagínense esta utopía! Es más, me parece que una relación de parejas sin problemas ni diferencias se volvería tan aburrida, monótona e insípida, que probablemente moriría de inanición. Y es que más investigo y aprendo del tema, más me doy cuenta de lo importante que son las diferencias, y el aprender a reconocerlas y aceptarlas, lo que mantiene nuestra relación de pareja vibrante y con vida. Según Gottman, que de este tema sabe mucho, 70% de nuestros problemas de relación no se pueden solucionar.

6. Superar los puntos muertos.

Gottman descubrió que, irónicamente, 69% de las parejas felices seguían teniendo los mismos conflictos sin resolver después de 10 años, pero no solo seguían juntos, seguían felizmente juntos. El secreto está en superar los puntos muertos en los conflictos, es decir, acordar no acordar y enfocar las energías en encontrarle la vuelta al tema. Podríamos decir, encontrar la solución “suficientemente buena”. Ganar algunas, perder algunas, y buscar un buen equilibrio y entendimiento. No se imaginan cuantas parejas se estancan en un punto muerto simplemente porque ninguna de las dos se niega a perder. Si, a las finales, salen perdiendo ambos.

7. Crear mundos compartidos.

Las buenas parejas crean un mundo compartido (¡ojo, no fusionado!), que les da un espacio en común, seguro y exclusivo al cual pueden retirarse tanto en momentos de paz como de conflicto. Una “casa segura”, por decirle de alguna manera. Es el mundo que la pareja ha decidido construir juntos, un proyecto de a dos, que integra las cosas que ambos aman y un poquito de ese toque especial de cada quien, sin dejar de lado los mundos individuales de cada cual. Se supone que cuando esta dinámica funciona bien – sin que estos mundos individuales y compartidos choquen ni se fusionen – se retroalimentan y enriquecen entre sí. Es tener una identidad como pareja, sin perder la identidad individual en el proceso, ¡importantísimo!

A modo de conclusión.

¡Por eso es tan importante conocernos antes de conocer a otra persona! ¡Crear un mundo propio antes de intentar crear uno compartido! El proceso terapéutico es una oportunidad única para conocer y entender nuestra historia, y evitar repetir esos patrones y dinámicas que han causado daño en el pasado, nos brinda la oportunidad de conocernos plenamente y así poder darnos a conocer y conocer a nuestra pareja con la misma plenitud. Muy importante: Conocer el mundo de nuestra pareja implica aceptar no solo la luz, también la sombra y aceptar que somos parecidos en muchas cosas ¡y muy distintos en muchas otras! - Izzy

miércoles, 6 de agosto de 2014

¿Te enamoraste? ¡Te espejeaste!




¡Qué fascinante que nos podamos enamorar de alguien porque vemos en ellos aspectos negados o reprimidos en nosotros mismos! Significa que enamorarse de alguien es, en cierta manera, enamorarse de uno mismo y que en la medida en que vamos conociendo mejor a esta persona, nos vamos conociendo mejor a nosotros mismos.

Y es que cada persona que nos llama la atención, que nos enamora, es un espejo a través del cual nos podemos ver, quiénes somos, quiénes creemos no ser y quiénes podemos llegar a ser. ¡Y viceversa! ¡A la persona que se enamora de nosotros le está pasando exactamente lo mismo!

Y así nos vamos conociendo y aprendiendo los unos de los otros. Cada persona que se cruza en nuestro camino y con quienes compartimos parte de nuestras vidas nos deja con una increíble enseñanza, y sin lugar a dudas nosotros también dejamos una huella indeleble en ellos.

Procuremos que sean huellas bonitas, lindos recuerdos, y hagamos lo mejor que podemos para no dejar ni heridas ni cicatrices, aunque a veces parezca inevitable. Después de todo, las cicatrices que sanan bien son algunas de las marcas más bonitas que adornan los cuerpos de nuestras vidas. – Izzy

lunes, 28 de julio de 2014

Rompehechizos y perduraprofecías.

Mi terapeuta siempre me dice que toda persona que llega a tu vida lo hace para dejarte una enseñanza. Yo creo lo mismo, a sabiendas de que esto no es siempre tan evidente, ni tan sencillo de conciliar. Y es que hay personas que llegaron a nuestras vidas y desearíamos jamás lo hubieran hecho, de igual manera que hay quienes ya se fueron y deseamos se hubieran quedado. ¿Qué les puedo decir?, así es la vida, un eterno proceso de aprendizaje.

Más aprendo de mis mentores, guías, supervisores, colegas, pacientes, libros y todo lo demás también, más me doy cuenta de que para muchos, o quizás para todos, nuestra vida adulta tiene todo que ver con dar significado a nuestra infancia, a los anhelos que quedaron en anhelos, en las estrategias de supervivencia que ya no sirven y hay que cambiar o actualizar, en las dinámicas y patrones que hay que romper, para no seguir en esos círculos toxicas, viciosos y perpetuos que parecen permanecer por generaciones en tantas dinámicas familiares.

Y he aquí donde entran los “rompehechizos” y “perduraprofecías”. Quienes lleguen a nuestras vidas podrán cumplir uno u otro rol. Si se ponen a pensarlo, quizás se den cuenta quienes en sus vidas han sido “rompehechizos” y quienes, por el contrario, se ganaron el título de “perduraprofecías”.

Los “rompehechizos” o rompedores de hechizos son aquellas personas que llegan a nuestras vidas y nos abren los ojos, nos quitan la venda, nos regalan una forma nueva de ver el mundo, a los demás y a nosotros mismos. ¡Son esas personas que nos ayudan a crecer! Los que nos dan permiso para dejar de ser o hacer (dejar de ser la víctima, dejar de hacer todo por los demás y nada por nosotros) o para ser y hacer (ser nosotros mismos, hacer lo que nos apasiona). Me gusta pensar que los “rompehechizos” no son “seres de luz”, “iluminados” ni nada por el estilo, sino seres que al haber hecho las paces con su sombra y habiendo reclamado como propios sus aspectos buenos y malos, positivos y negativos, son libres de darse el permiso de compartir su luz, sin negar su sombra.

Los “perduraprofecías” o perduradores de profecías son aquellas personas que, por el contrario, llegan a nuestras vidas como viva encarnación de la repetición de todo aquello de lo que necesitamos liberarnos. Son la piedra perpetua con la que amamos darnos de frente, a toda velocidad y a todo color. Nuestro sabor predilecto de toxicidad. Son los que prefieren que vayamos por la vida con los ojos cerrados, con la venda bien puesta y con la visión más sombría, amenazante y distorsionada del mundo, los demás y nosotros mismos. ¡Son esas personas que no quieren que crezcamos, porque ellos tampoco han podido hacerlo! Son quienes en lugar de repartir permisos, nos legan profecías destinadas a cumplirse: seguir repitiendo el mismo patrón, perpetuar las dinámicas familiares disfuncionales, crecer y vivir acostumbrados a respirar toxicidad. Los “perduraprofecías” le tienen terror a su sombra, todo lo ven proyectado en los demás: lo bueno, lo malo, lo positivo y lo negativo. Tienen mucho miedo de “mirar para adentro”. Y cuando se vive peleado con la sombra, es imposible tener luz para compartir.

Como adultos, tenemos el permiso para elegir quienes queremos ser, tanto en nuestras vidas como en las de los demás, un “rompehechizos” o un “perduraprofecías”. Y ustedes, ¿quién prefieren ser? - Izzy

lunes, 21 de julio de 2014

"10 mitos del trastorno obsesivo-compulsivo" (publicado en Vivir+, La Prensa, 19 de julio, 2014).

1. Obsesiones y compulsiones son sinónimos.

Falso. Mientras que las obsesiones son pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan como intrusas o no deseadas, y que causan ansiedad o malestar importante, las compulsiones son comportamientos o actos mentales repetitivos que el sujeto realiza como respuesta a una obsesión o de acuerdo con reglas que ha de aplicar de manera rígida.

2. El trastorno obsesivo-compulsivo y el trastorno de la personalidad obsesivo-compulsiva son la misma cosa.

Falso. La característica esencial del trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad es una preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control mental e interpersonal, a expensas de la flexibilidad, la espontaneidad y la deficiencia. A pesar de la similitud de los nombres, el trastorno obsesivo-compulsivo se distingue fácilmente del trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad por la presencia de verdaderas obsesiones y compulsiones.

3. Las personas perfeccionistas, pulcras y altamente organizadas son obsesivo-compulsivas.

Falso. Si bien es posible que algunas de estas personas presenten rasgos de personalidad obsesivo-compulsiva e inclusive puedan reunir los criterios para un trastorno de la personalidad obsesivo-compulsiva, se debe diferenciar del comportamiento que sirve un propósito valioso, contribuyendo a la autoestima de la persona y su éxito en el trabajo o en su carrera, versus las obsesiones y rituales que provocan malestar y deterioro en las personas que sufren de trastorno obsesivo-compulsivo.

4. Las personas que comen, tienen sexo, consumen drogas y/o alcohol o juegan de manera compulsiva son obsesivo-compulsivas.

Falso. Si bien es cierto que estas actividades se califican como compulsivas debido a la forma excesiva y sin control con que se llevan a cabo, no se consideran compulsiones ya que, a pesar de sus efectos negativos, el individuo obtiene placer de estas actividades y no las realiza para contrarrestar una obsesión, sino más bien debido a una incapacidad para controlar sus impulsos.

5. Las personas supersticiosas y que realizan comportamientos repetidos de comprobación son obsesivo-compulsivas.

Falso. Las supersticiones pueden confundirse con obsesiones (por ejemplo, si se nos cruza un gato negro, algo malo pasará) y los comportamientos repetidos de comprobación (revisar varias veces si cerramos la puerta porque no estamos seguros) con compulsiones, pero muchas veces son parte de nuestra vida cotidiana y no indicativos de un trastorno obsesivo-compulsivo a menos que supongan una pérdida diaria de tiempo significativa o den lugar a un deterioro marcado de la actividad global de la persona afectada o a un malestar clínicamente significativo.




6. Los niños no sufren de este trastorno.

Falso. Aunque el trastorno obsesivo-compulsivo se suele iniciar en la adolescencia o a principios de la edad adulta, también puede hacerlo en la infancia, de manera similar a los de los adultos. Pero a diferencia de los adultos, los niños no saben que su comportamiento es excesivo e irracional, debido a que, por su edad, puede que no dispongan todavía de la suficiente capacidad cognoscitiva para llegar a conclusiones de este tipo.

7. No existe tratamiento efectivo para los trastornos obsesivo-compulsivos.

Falso. Las personas que sufren de trastornos obsesivo-compulsivos pueden beneficiarse enormemente de tratamientos farmacológicos, terapias cognitivo conductuales o una mezcla de ambos. Muchas veces se recurre inicialmente al uso de fármacos para disminuir la sintomatología, facilitando así el abordaje psicoterapéutico.

8. Quienes sufren de este trastorno piensan que su comportamiento es completamente normal.

Falso. Generalmente en algún momento del curso del trastorno la persona reconoce que sus obsesiones o compulsiones son exageradas o irracionales. Las obsesiones se experimentan como intrusas e inapropiadas, provocando una ansiedad o malestar significativos, que conducen, precisamente, a la aparición de las compulsiones, orientadas a disminuir la ansiedad y malestar provocado por las obsesiones.

9. Se desconoce la causa de los trastornos obsesivo-compulsivos.

Falso. Tradicionalmente se creía que el trastorno obsesivo-compulsivo era resultado de experiencias vitales, particularmente actitudes aprendidas en la infancia, con énfasis excesivo en la limpieza, o la creencia de que ciertos pensamientos son peligrosos o inaceptables. Siguiendo el modelo biopsicosocial, actualmente se consideran causas centradas en la interacción de factores neurobiológicos e influencias ambientales, así como de procesos cognitivos.

10. Superar los trastornos obsesivo-compulsivos depende solamente de la fuerza de voluntad de la persona que los padece.

Falso. Contar con un sistema de soporte adecuado (amigos, familiares, terapeutas, etc.) es muy importante en la recuperación de una persona con un trastorno obsesivo-compulsivo. La familia debe apoyar, sin permitir la perpetuación de los síntomas. Es importante no trivializar el trastorno (por ejemplo, nunca decirle al paciente que lo que tiene no es nada y debería poder superarlo si realmente quisiera) ni demandar mejoría de parte del paciente sin haber tratamiento terapéutico de por medio. Se debe recordar tener mucha paciencia con el paciente y reconocer sus progresos, por pequeños que sean.

Enlace original: http://www.prensa.com/impreso/vivir/10-mitos-del-trastorno-obsesivo-compulsivo/36123