lunes, 29 de septiembre de 2014

El arte de hacernos responsables por nuestro propio paquete.


En nuestra búsqueda de pareja, conectamos por medio de nuestros aspectos positivos tanto como los negativos. O sea, hacemos clic en lo bueno y en lo malo, en lo lindo y en lo feo, en lo saludable y en lo disfuncional.

Muchas veces, nuestras expectativas y demandas irreales proyectadas en nuestras parejas nos hace verlas de manera idealizada. En ella buscamos compensación y reparación de daños, ausencias y anhelos que vienen de mucho atrás, y que en realidad, no le corresponde a nuestra pareja llenar.

Y es que nuestra pareja no viene a llenar vacíos previos, eso nos toca a nosotros en nuestro propio proceso terapéutico. La pareja está para construir sobre terreno firme y en común, no para rellenar espacios del pasado que nuestros padres olvidaron, obviaron o simplemente no pudieron llenar.

Hacer frente a estos espacios vacíos produce mucha ansiedad, miedo y soledad, sobre todo porque significa responsabilizarse de ellos, y recoger ese paquete que decidimos dejar equivocadamente en manos de nuestra pareja. Que cada quien se haga responsable de su historia, de su pasado, de sus vacíos, de su duelo y de su proceso de crecimiento.

Aquí muchos descubrimos que aunque nos creíamos muy adultos al entrar en una relación de pareja, en realidad no éramos más que un par de niños muy asustados, y ahora toca crecer y volverse adultos. Y si, crecer duele, pero es muy necesario, tan necesario como nuestros duelos, aunque asusten. – Izzy

viernes, 26 de septiembre de 2014

Amantes visuales, auditivos y táctiles… y tú, ¿qué tipo eres?


Sin lugar a dudas nuestros cinco sentidos nos sirven para mucho en esta vida, y según Mike Bundrant, terapeuta experto en PNL (Programación Neurolingüística), la mayor parte de la comunicación toma lugar a través de tres de ellos: la vista (imágenes), el oído (sonidos) y el tacto (sensaciones).

Muchas personas tienen preferencia por uno de estos tres modos de comunicación, y como el amor es una forma de comunicarse (el famoso “idioma” del amor) tiene mucho sentido que nos comuniquemos en el “idioma” predilecto de nuestra pareja.

A los amantes visuales les encanta la evidencia visual del amor de sus parejas (cosas que pueden ver). ¡Ojo, no se trata solo de regalos vistosos, vestirse y verse bien para la pareja! También cuenta que nos vea haciendo cosas por ella (limpiando la cocina, cocinando, ayudándola en alguna tarea) y por supuesto esas señales de amor que podemos trasmitir visualmente a nuestra pareja (nuestra mirada, expresión facial, cómo nos eriza la piel, etc.).

A los amantes auditivos les fascina oír expresiones de afecto, ternura y amor. Hablarle suavemente, susurrarle, cantarles, y expresarle nuestro amor verbalmente son maneras seguras de hacer que nuestro mensaje les llegue. ¡Claro, las expresiones vocales a la hora de la intimidad también cuentan (esos gemidos, suspiros, respiraciones entrecortadas y gritos inolvidables)!

A los amantes táctiles (u orientados a las sensaciones) les mueve el piso todo lo relacionado al tacto, las sensaciones, el contacto con la piel. Cuentan los abrazos, la cercanía física, sostener manos, besarse, acariciarse y un etcétera muy largo… ¡especialmente si hablamos de sexo!

La clave aquí está en que si nos comunicamos fuera del canal, onda o modalidad de nuestra pareja (es decir, con el sentido equivocado) es probable que nuestras muestras de amor y afecto no le lleguen, o al menos no con la intensidad que esperamos. Es más, ¡puede llegar a provocar la reacción contraria a la esperada!

Ahora bien, que una persona tenga preferencia por un sentido tampoco significa que el resto no aporta para nada, ¡a tener eso en cuenta! ¿Y si no estamos seguros de su preferencia? Dos opciones, la primera es experimentar y la segunda preguntar. 

Y si se van a ofender porque sus parejas les preguntan cuál es su sentido preferido, quizás en vez de aferrarse a esa expectativa irreal de que su pareja tiene que conocerles de adentro hacia afuera, sería mejor ejercitar un pensamiento más flexible, y valorar el que les aprecien lo suficiente para querer saber más de ustedes.

Después de todo, querer conocer y aprender de nuestra pareja es también una forma de comunicarle nuestro amor. ¿Ustedes qué piensan? - Izzy

Fragmentos extraidos de “Six Things Happy Couples Do Differently than the Rest (Based on Research)” (autor: Mike Bundrant).

viernes, 19 de septiembre de 2014

El responsable arte de ser feliz en pareja.


Entre las muchas cosas que tenemos que ser para ser felices en pareja, no podemos dejar de lado la responsabilidad. Después de todo, ¿a quién le gusta estar emparejado con una persona irresponsable, ya sea que no adquiere responsabilidades o no se hace responsable de sus actos y conductas?

La responsabilidad en pareja es una calle de dos vías. Si somos responsables ante nuestra pareja, bien podemos esperar que ésta sea responsable ante nosotros. Claro, ¡por lo que a cada parte le toca!

Y es que cuando asumimos más responsabilidad de la debida, con la idea de aligerar la carga ajena aumentamos la propia y por querernos hacer los buenos samaritanos, acabamos amargados y resentidos, lanzando indirectas y ataques pasivo agresivos hacia nuestra contraparte.

Esto a menudo no es más que consecuencia de ser poco asertivos y muy codependientes, una fórmula muy mal equilibrada y altamente toxica para nosotros y para nuestra pareja.

Mike Bundrant, terapeuta experto en PNL (Programación Neurolingüística) nos cuenta que las parejas saludables son expertas en tener muy claras sus responsabilidades mutuas. Es decir, cada quien se hace responsable por su paquete, en lugar de echárselo a la otra persona, como lamentablemente suele suceder en muchas situaciones de pareja que desencadenan en conflicto, separaciones o visitas al terapeuta de parejas.

Entender, y aceptar, los límites de la responsabilidad del otro con respecto a uno solo se logra después de haber adquirido la capacidad de hacerse responsable por lo propio. ¿Se entiende? Vamos a seguir recibiendo paquetes ajenos (en forma de demandas, culpas, críticas, expectativas, idealizaciones, proyecciones y otras hierbas) en la medida en que los sigamos repartiendo. Toca ir a terapia, abrir nuestro paquete (por mas miedo y ansiedad que nos de hacerlo) y examinar detenidamente su contenido, para saber dónde poner cada cosa.

¡A guardar, a guardar, cada cosa en su lugar!” ¿Quién se hubiera imaginado que una canción infantil sería la metáfora perfecta a hacerse responsable de nuestras proyecciones (nuestro “paquete”)?

Es muy difícil (además de muy injusto) reclamar responsabilidad a la pareja mientras que uno jamás asume la responsabilidad de sus propias conductas, emociones, pensamiento, bagaje, paquete, maletas, historia, familia, proyecciones, sombra, anhelos, vacíos… ¿seguimos?

Esta estrategia solo lleva a la pareja hacia un mutuo resentimiento y actitud defensiva. “Jinetes del Apocalipsis” los bautizó John Gottman, y con justa razón.

Es una cuestión de actitud madura y reciprocidad. Si queremos que nuestra pareja reconozca su responsabilidad, tenemos que estar dispuestos a reconocer la propia. ¿Pero por dónde empezar? Mmmmm, muy buena pregunta. ¿Qué tal por ir a terapia? A mí me parece un excelente inicio. - Izzy

Fragmentos extraidos de “Six Things Happy Couples Do Differently than the Rest (Based on Research)” (autor: Mike Bundrant).

lunes, 15 de septiembre de 2014

El sorprendente arte de ser feliz en pareja.

El amor y el sexo se parecen mucha en una cosa… ¡ninguno de los dos es una dieta! La variedad es la clave, y de la misma manera en que muchos se rinden ante las dietas hartos por la falta de variedad, la necesidad humana por la variedad también puede hacernos querer rendirnos de nuestra relación de pareja a largo plazo… ojo, ¡solo si no la satisfacemos! Esto no significa buscar la variedad afuera, sino esforzarse, tanto individualmente como en pareja, en buscar la variedad dentro de la relación. Probar cosas nuevas, o sacar viejos trucos de la maleta de variedades cuando la otra persona menos se lo espera.

A veces caemos en el equívoco de creer que para seguir sorprendiendo a nuestra pareja, necesitamos de grandes gestos, cuando en realidad, son los detalles pequeños los que mantienen la vida en pareja interesante.

Tanto en la cama como fuera de ella, las mejores sorpresas involucran el ser atentos y considerados hacia nuestra pareja. Esos pequeños detalles que le dicen a nuestra pareja “¡Si, se dio cuenta qué eso me llamó la atención!” o “¡Wow, cuando le tiré la indirecta y se hizo el desentendido, si me había captado! ¡Qué lindo!”




Estos consejos de Mike Bundrant (terapeuta experto en PNL, o Programación Neuro Lingüística) para recordarnos de las cosas pequeñas que importan en grande me parecen muy atinados:

- Decirle “te amo” a nuestra pareja espontáneamente (mientras hacen el súper de los domingos).

- Regalos y salidas BBB (Bueno, Bonito y Barato).

- Hacer las tareas de la casa por la otra persona (preparar la cena, organizar el closet, bañar al perro).

- Ofrecer un masaje (si, los masajes son un preámbulo excelente al sexo, pero también es una sorpresa grata para tu pareja que le des uno sin esperar que haya sexo después).

Lo mejor de estos pequeños detalles es que tienen valor acumulativo y su efecto perdura, especialmente cuando lo convertimos en una especie de ritual o algo muy de la pareja. Y recuerden, si les gusta ser sorprendidos, ¡sorprendan también, que la reciprocidad es un excelente afrodisiaco! - Izzy

Fragmentos extraidos de “Six Things Happy Couples Do Differently than the Rest (Based on Research)” (Autor: Mike Bundrant).

lunes, 8 de septiembre de 2014

Estrés, pareja y el estado premórbido de nuestras familias de origen.


La relación de pareja es un proceso de aprendizaje enriquecedor, para bien o para mal, y conocer más acerca de la influencia que ejercen sobre ella nuestras respectivas familias de origen definitivamente nos ayuda a entender mejor tanto a nuestras parejas como a nosotros mismos.

Muchos desconocemos que nuestra capacidad para manejar el estrés (cómo lo manejamos y cuánto podemos tolerar antes de caer en patrones y conductas tóxicas, disfuncionales y maladaptativas) viene determinada en parte por nuestra familia de origen, un sistema multigeneracional en el cual cada generación es influenciada (y reforzada) por aquella que la precede.

Según los autores de “The Evaluation and Treatment of Marital Conflict”, toda relación de pareja existe dentro de este sistema familiar multigeneracional, fuente de la herencia biológica y psicológica de ambos integrantes.

El estado premórbido de una familia, su nivel de funcionamiento previo al surgimiento de síntomas conflictivos dentro de la pareja, es un indicador de la cantidad de estrés que probablemente sea canalizado hacia la relación de pareja desde la familia extendida. También es un excelente predictor de cuánto estrés puede absorber (y disipar) la pareja sin producir síntomas.

La relación de pareja es la unión de dos sistemas familiares y los mejores indicadores del estado premórbido de la familia son:

- El número y la severidad de disfunciones individuales en el sistema familiar multigeneracional.

- El número de conflictos y puntos de cortes (miembros de la familia que interrumpen contacto o comunicación entre sí) en las relaciones dentro de ese sistema.

La unión de dos sistemas, y los tipos de relaciones que existen en estos, inician la relación de pareja en un nivel dado (es decir, en un punto particular a lo largo de un continuo de funcionalidad/disfuncionalidad, salud/enfermedad, normalidad/patología, etc.).

Aquí ocurre un hecho muy interesante y significativo. Cuando estamos dentro del sistema, es muy difícil darnos cuenta de la disfuncionalidad, ya que básicamente hemos crecido inmersos en ella, y como la disfuncionalidad suele ser la manera más funcional en que el sistema familiar ha logrado funcionar, tomamos lo disfuncional como la norma.

Sin embargo, quizás nos resulta más fácil notar la disfuncionalidad en el sistema familiar de nuestra pareja, y viceversa (eso de ver la paja en el ojo ajeno, ¿les suena?). Y de la misma manera en que esta se sentirá agredida cuando se lo hagamos notar, nos sentiremos nosotros también agredidos cuando nuestra pareja haga lo mismo.

Un tercer observador, uno no inmerso en ninguno de los dos sistemas familiares, logrará ver cosas que ninguno de los integrantes de la pareja podrá ver. Aquí el inmenso valor del terapeuta de parejas y de la terapia de parejas.

En este punto surge una realidad que muchas parejas (y especialmente sus familias) son incapaces de ver, entender y procesar: “Cuando se forma una relación de pareja, dos familias que jamás habrían tenido interés alguno en relacionarse entre si quedan unidas en una relación permanente que ninguna de las dos buscó.”

¿Alguna vez se han puesto a pensar cómo la historia y dinámica de sus familias de origen pueden estar afectando negativamente su relación de pareja, haciéndoles repetir patrones tóxicos y disfuncionales? ¿Cuántos de sus conflictos de pareja se organizan alrededor de sus respectivas familias de origen? ¿Se han sentido “mediadores”, “árbitros” o “conciliadores” entre sus familias de origen y sus parejas? Estas son solo algunas interrogantes que pueden explorar en terapia, ya sea una terapia de pareja o una terapia individual. Los invito a hacer el ejercicio. - Izzy

Fragmentos extraídos del libro: “The Evaluation and Treatment of Marital Conflict” (Autores: P. Guerin, L. Fay, S. Burden y J. Kautto).

viernes, 5 de septiembre de 2014

Sexo, confianza y comunicación: ¿Antídotos para la monotonía en la relación?

¡Mantener la emoción, la pasión, la intensidad y el interés en la relación de pareja a largo plazo puede volverse todo un desafío! De acuerdo con la Dra. Samantha Rodman, hay tres áreas principales que deben trabajarse en una relación a largo plazo que ha caído víctima de la monotonía: El sexo, la confianza y la comunicación.

Sexo.

Con el fin de mejorar nuestra vida sexual, y mantenerla en condiciones óptimas, tenemos que examinar tres criterios: Frecuencia, compatibilidad y pasión.

Frecuencia: ¿Tienes sexo al menos una vez a la semana con tu pareja? La Doctora considera este un buen objetivo (al menos para una pareja joven), y si más, mejor. Si la pareja no tiene relaciones sexuales con cierta frecuencia (exactamente “cuánta” frecuencia es la adecuada es una formula única para cada pareja, no hay fórmulas exactas, buenas ni malas, siempre y cuando, claro, funcionen para todos los involucrados) se puede perder el interés en la otra persona. Y es que tener sexo nos mantiene conectados y mantiene activos los drives (impulsos, energías, vibras, etc.) sexuales de cada cual. Acuérdense también que tener sexo nos hace liberar oxitocina, la ya uber famosa hormona del amor, el apego y todo lo bueno que viene después del sexo.

Compatibilidad: ¿Qué actividades sexuales les gustan a los dos? ¡Hagan eso! ¿Cuáles le gustan más a uno que al otro? ¡No hagan eso! Al menos por ahora. La Dra. Rodman recomienda mezclar frecuencia (una vez por semana para volver a ponerse en ritmo) con hacer algo que ya saben que los dos van a disfrutar (ya habrá tiempo para experimentar más adelante).

Pasión: Con el fin de cultivar la pasión, la pareja necesita sentirse realmente conectada. Esto significa mucho (buco rantan pocotón, en buen panameño) toqueteo, manoseo, besuqueo y todo lo demás que termina en “eo” y usualmente quedará excluido del horario de protección al menor. ¡Ojo, no se queden solo en lo físico! También deben sentirse reconocidos, amados y comprendidos con el fin de dejar de lado sus inhibiciones. ¡Y digo “deben” porque esto es válido tanto para hombres como para mujeres! ¡A los hombres también nos gusta recibir esa parte emocional y afectiva de nuestras parejas!




Confianza.

Pocas cosas paralizan el crecimiento de una pareja como la semilla de la desconfianza. Ojo, no se trata solo de confianza en torno a la fidelidad de la pareja, también surge el tema de si el amor y compromiso es verdadero y reciproco. Desconfianza e inseguridad, después de todo, van de la mano. También vale la pena recordar que la confianza se cultiva en pareja, pero se siembra en nuestras respectivas familias de origen.

Muchas veces, cuando la desconfianza asoma su fea cabeza sobre la relación, o la confianza esconde la propia, se piensa que el origen está en lo que sea que haya provocado la situación (por ejemplo, descubrir que la pareja ha estado coqueteando con otra persona por chat). Esto no es del todo errado, pero en realidad, esta situación es solamente un disparador que activa emociones, sentimientos y pensamientos originados en eventos y anhelos (ausencias y vacios) de nuestras infancias que son evocados por la nueva situación.

Si ha habido una historia de infidelidad, o incluso una de mentiras "menores" constantes, este sentimiento sospechoso puede erosionar la conexión de pareja, creando lejanía y distancia entre sus integrantes.

Comunicación.

“Lo que pasa es que tenemos un problema de comunicación.” Suena trillado, pero es una realidad, parece que comunicarnos entre nosotros, a al menos hacerlo de manera eficiente y saludable, es más difícil en la práctica que en la teoría. En la medida en que la pareja se aleja más y más de la fase de enamoramiento o amor romántico y se asienta en la etapa de amor por apego, a veces sucede que la pareja va perdiendo o dejando perder esos valiosos espacios para hablar y conectarse.

Rodman recomienda dejar de lado 30 minutos cada semana (ya es el colmo no encontrar 30 minutos en la semana, pero lamentablemente, pasa, y pasa mucho) para un check-in emotivo, durante el cual cada uno pregunta al otro cómo se siente acerca de la relación. Incluso vale llevar el tiempo, para asegurarse de que se cumpla, y la regla de oro: Prohibido hablar de cualquier otra cosa que no sea cómo se sienten emocionalmente el uno del otro. O sea, nada de hablar de las cuentas, los hijos, la familia, el carro que hay que llevar al taller, o la película que van a estrenar en el cine.

Otro ejercicio interesante: Durante la semana, todos los días, dejar de lado 10 minutos para hablar de temas que en realidad nunca discuten o hablan. El objetivo es llegar a conocer a la pareja en un nivel más profundo. Entre esto y trabajar en su conexión física, debería verse un aumento en la sensación de cercanía. Si les cuesta encontrar tema, algunas preguntas que pueden ayudar:

“¿Cuándo te diste cuenta que me amabas?”

“¿Qué aprendiste sobre el matrimonio de tus padres?” (1)

“¿Cuál es tu cosa favorita que haga por ti?”

“¿Cuál es tu recuerdo favorito de nosotros?“

“¿Cuál es tu recuerdo favorito de ser un niño?” (2)

“¿Cuál es tu recuerdo sexual favorito de nosotros?” (3)


(1) Esta pregunta me pareció muy atinada. Después de todo, nuestros padres son nuestro primer modelo de pareja, de ellos aprendemos cómo una pareja se comunica, se demuestra afecto, manejan y resuelven conflictos y diferencias y reaccionan ante situaciones estresantes. De ellos podemos aprender patrones saludables y apropiados o tóxicos y disfuncionales.

(2) Traer a la memoria un recuerdo agradable de la niñez nos ayuda a ponernos en contacto con nuestro niño interior. Claro, también hay infancias tristes y dolorosas, donde cuesta encontrar siquiera un recuerdo agradable o bonito. En este caso, toca ayudar a sanar a ese niño interior. La terapia ayuda mucho en este proceso. No se imaginan cuantas secuelas de la niñez traemos a nuestra vida adulta y a nuestra vida en pareja.

(3) Esta pregunta puede llevarlos de nuevo al sexo... ¿Hay que explicar más? :)

Fragmentos extraídos de “Reader Question: How Can I Spice Up My ‘Monotogamy’?” por Samantha Rodman.